El dilema

| 05/03/2000

Título original: The insider País: EE.UU. Dirección: Michael Mann Guión: Eric Roth, Michael Mann Montaje: William Goldenberg, Paul Rubell, David Rosenbloom Fotografía: Dante Spinotti Intérpretes: Al Pacino, Russell Crowe, C. Plummer

Fumando espero

158 minutos. 2 horas y 38 minutos de megapelícula. Una película que pretende contar el dilema al que se enfrenta un científico y alto directivo de una fábrica de tabaco que, al poco de ser despedido, recibe la llamada de un programa televisivo de investigación para que les asesore en la interpretación de un envío anónimo que contiene datos técnicos sobre el proceso de fabricación de los cigarrillos. Siete nominaciones a los Oscar para una producción muy académica, muy barroca en el tratamiento de la imagen y el sonido. The insider opta a los premios a mejor película, director, actor (Crowe), guión adaptado, fotografía, montaje y sonido. Michael Mann (Chicago, 1943) estudió Cinematografía en Londres, en una Escuela famosa por haber formado a un montón de oscarizados directores de fotografía. De esto último Mann sabe un rato y nos lo demostró en algunas portentosas secuencias de acción de sus dos primeras películas: Heat (1995) y El último mohicano (1992). Mann tiene amplia experiencia en seriales televisivos y en el mundo de la publicidad. Durante años fue productor ejecutivo de la célebre Corrupción en Miami.

Lamentamos que no se haya cumplido aquello de que a la tercera fue la vencida, ya que Mann vuelve a hacer gala de algunas virtudes pero incurre nuevamente en los mismos errores que contenían los dos títulos precedentes. The insider es una película bien fotografiada, bien interpretada, bien ambientada; pero muy mal contada. Pocas veces he visto -últimamente- tantas dificultades para arrancar una película, que no logra remontar el vuelo hasta pasados sesenta minutos, para ir repitiendo arritmias durante el interminable metraje, que tienta al espectador a salir al servicio, a fumar un cigarrito, o llamar a casa para ver si ha muerto alguien. Debiera establecerse un sistema de game over cinematográfico: 90 minutos las comedias, 100 los dramas.
Y menos camelos, rolletes y engañabobos, ya saben: “una cortante frialdad documental que hace justicia al guión original que no es otro -¡tachán, tachán!- que el artículo de una periodista de la revista Vanity Fair sobre el caso verídico del pobre Jeffrey Wigand, que el genial Eric Roth (Forrest Gump) y Mr. Mann adaptaron para llevarla a la gran pantalla…, bla, bla, bla”. Una película tiene que ser algo más que “un duelo de alto voltaje” entre el gritón de Pacino y Ruselll Crowe con cara de bestia acorralada. ¡Ay qué tufillo a telefilm caro, con su material de relleno, con sus estudiados planitos al borde de la mar océana, con su musiquilla de rigor! Me acuerdo de un amigo cirujano para el cual los defectos ajenos eran siempre patológicos, mientras que los suyos eran invariablemente fisiológicos. En fin, que menos rollo y más manteca al bollo; que JFK de Stone es muy documental, y conociendo todo quisque el principio, el medio y el final, no pusimos la espalda en el asiento hasta que nos chocamos con el The End.

Alberto Fijo

 

Category: Críticas

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