Herzog versus Ferrara
Teniente corrupto
[2009]
Estados Unidos
(Bad lieutenant: Port of call New Orleans)
Werner Herzog
William Finkelstein
Peter Zeitlinger
Joe Bini
Mark Isham
Nicolas Cage, Eva Mendes, Val Kilmer, Jennifer Coolidge, Xzibit, Fairuza Balk, Brad Dourif, Michael Shannon, Shawn Hatosy
Wide Pictures / Aurum
121 minutos
Adultos
Mucha sordidez, nihilismo en abundancia y pocos momentos de brillantez real es lo que ofrece esta actualización de la película de culto de Abel Ferrara. Por mucho que compartan el título, muy poco tiene que ver esta película del alemán Werner Herzog (Aguirre: la cólera del dios, Grizzly man) con la que dirigió Abel Ferrara en los 90 protagonizada por Harvey Keitel. Herzog coge la tragedia shakesperiana del hombre en busca de la autodestrucción de Ferrara y la convierte en un pseudo-policíaco con tintes de comedia negra y un acento marcadamente nihilista. El resultado no convence demasiado.
El trasfondo del nuevo Teniente corrupto es la ciudad de Nueva Orleans, justo después de ser arrasada por el Huracán Katrina. En ella trabaja Terence McDonagh (Nicholas Cage), un oficial acuciado por un dolor de espalda crónico y por la consiguiente adicción a la cocaína para intentar remitirlo. McDonagh se ve envuelto en una investigación para resolver el asesinato de cinco miembros de la misma familia a la vez que desciende a un infierno de drogas, juego, crimen y prostitución.
A pesar de que a priori parecía un encargo, Herzog se muestra empeñadísimo desde el minuto uno en dejar su huella en esta cinta. Por mucho que el libreto sea obra de William M. Finkelstein, un guionista curtido en prácticamente todas las series policíacas que se han emitido en la televisión estadounidense, la trama del asesinato es una excusa. Incomprensiblemente, justo al contrario de cómo la habían publicitado. Todo parece estar en manos del realizador alemán, que se lo pasa pipa abusando al máximo de la sordidez, las escenas alucinógenas y los encuadres inverosímiles. Y encima cuenta con Nicholas Cage, que está encantado de seguirle el juego con sus habituales aspavientos e histrionismos. El resultado final es indescriptible. Está a medio camino entre los Coen más negros, Miedo y asco en Las Vegas y las novelas de Cormac McCarthy, por decir algo. Tiene algunas escenas puntuales muy logradas, muy Herzog, pero el conjunto es un galimatías que se hace especialmente cargante por su desbordante nihilismo. Juan Claudio Matossian ▲ La mano de autor de Herzog en unas cuantas escenas. ▼ Su cargante nihilismo. Valoración: 2/5