· Con Dunkerque Nolan busca un thriller de acción épico, colocando al espectador en el centro de la acción junto a los personajes.

Christopher Nolan (Londres, 1970) parte de en un acontecimiento real para su nueva película, basada en la evacuación de Dunkerque. Busca transmitir la osadía y determinación frente a la adversidad que hubo a finales de mayo 1940, cuando fuerzas británicas, junto con tropas francesas, belgas y canadienses, se vieron obligadas a retroceder hasta las playas de Dunkerque. La playa, con su calado de 6,5 metros, impedía a los barcos de la armada británica rescatarlos. Las autoridades decidieron hacer un llamamiento para que embarcaciones pequeñas acudieran en ayuda de estas tropas con una flotilla de pequeños barcos no militares desde la costa sur de Inglaterra. Con el objetivo de llevar a esos hombres a casa se inició esta arriesgada misión llamada Operación Dynamo. Esta evacuación, aunque sucedió en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, tuvo un impacto directo en el devenir de la contienda.

Para Nolan, lo que ocurrió en Dunkerque “es una de las mejores historias de la humanidad, la lucha definitiva a vida o muerte contra el tiempo. Fue una situación con un nivel de suspense extraordinario… Nuestro objetivo con esta película era lanzar al público a la acción siendo muy respetuosos con la historia, pero también con cierta intensidad y, por supuesto, una gran dosis de entretenimiento también”.

Nolan tenía intención de narrar esta historia desde tres puntos de vista diferentes: “desde la perspectiva de los hombres en la playa, la gente que iba a ayudarlos en los barcos y los pilotos que trataban de protegerlos desde arriba”

Los inicios de esta película hay que buscarlos cuando Nolan y su esposa Emma Thomas (que ha ejercido de productora en diversas películas de su marido como Origen y la trilogía de El caballero oscuro) visitaron Dunkerque por primera vez en el pequeño barco de pesca de un amigo, similar a los empleados durante la guerra, a mediados de los años 90 del siglo pasado. Aquí, sobre el lugar de los hechos, pudieron comprender mejor lo que sucedió. Nolan recuerda que fue muy complicado atravesar el canal debido a la bravura del mar y el mal tiempo, “y eso que nadie nos estaba tirando bombas”, afirma. Le llamó la atención que decenas de civiles fueran capaces de llevar pequeñas embarcaciones a una zona de guerra, donde “podían ver el humo y el fuego desde kilómetros, y por eso su determinación de hacerlo y lo que eso nos dice acerca de su espíritu de comunidad resultan extraordinarios”.

El director de Memento, Origen y Batman tenía intención de narrar esta historia desde tres puntos de vista diferentes: “desde la perspectiva de los hombres en la playa, la gente que iba a ayudarlos en los barcos y los pilotos que trataban de protegerlos desde arriba”. Y explica que “cada una de esas historias —una semana en tierra, un día en el mar y una hora en el aire— tenía sus propias características temporales, así que, al reunirlas en el montaje, tuve que gestionarlas con mucho cuidado. Entrelazar esas historias te traslada a los acontecimientos de manera muy subjetiva y te permite comprender lo que le pasa a cada personaje, al tiempo sugiere que existen otras muchas peripecias desconocidas. En un acontecimiento de esta magnitud, resulta imposible contar tantas experiencias individuales en una sola película”.

Christopher Nolan durante el rodaje de Dunkerque (2017)

El objetivo de Nolan era darle a esta película mucha verosimilitud y situar público directamente en la playa, a bordo de los barcos que atravesaban el Canal y a los mandos de los Spitfire, de modo que pudiera sufrir y participar con los protagonistas. En Dunkerque rodó todo el film utilizando una combinación de cámaras IMAX y 65 mm, y lo justifica porque “con las cámaras IMAX, la calidad inmersiva de la imagen no tiene comparación. Cuando te sientas en el cine, la pantalla desaparece y tienes una sensación muy táctil de la imagen. Eso aporta unos panoramas increíbles y acción a gran escala. Pero, con los años, también hemos descubierto que si la utilizas en situaciones más íntimas, crea una inmediatez muy atractiva”.

Por tierra, mar y aire

Al igual que ocurrió en la vida real, donde la acción discurrió por tierra, mar y aire, el rodaje de Dunkerque tuvo que integrar esos tres terrenos.

Una de las decisiones creativas más impactantes que tomó el equipo fue concentrarse en el rodaje en tierra justo en el lugar en el que se produjeron los acontecimientos hace casi ocho décadas. Durante la fase de preproducción, Nolan, Emma Thomas y el diseñador de producción Nathan Crowley visitaron Dunkerque juntos. “En un primer momento, no pensamos necesariamente que fuéramos a rodar allí y exploramos otras posibilidades”, rememora Nolan. “Pero ver la realidad del lugar y su geografía única hizo que resultara inevitable hacerlo así, independientemente de lo complicado que pudiera resultar. Así que no nos lo pensamos más”. Y para esto, la labor más titánica a la que se enfrentaron fue la restauración del muelle este para devolverle el aspecto que tenía en 1940.

Antes del rodaje, barrieron la zona en búsqueda de munición sin explotar que pudiera haber quedado enterrada en la arena durante todo estos años.

Por otro lado, y como curiosidad, una de las primeras tareas que tuvieron que afrontar en la playa histórica a la hora de prepararla tuvo que ver con su ubicación. Antes del rodaje, barrieron la zona en búsqueda de munición sin explotar que pudiera haber quedado enterrada en la arena durante todo estos años. El productor ejecutivo, Jake Myers, explica: “Sabíamos que nuestro equipo de efectos especiales iba a realizar explosiones controladas, así que tuvimos que estudiar el terreno con sumo cuidado y comprobarlo todo en busca de la última bala que hubiera podido quedar. Por suerte, no apareció ninguna”. Con el reparto y miles de extras en la playa, el equipo de efectos especiales trazó un plan para grabar las explosiones provocadas por las bombas enemigas, y por motivos de seguridad, cavaron agujeros para colocar las cargas en ellos. Luego usaron arena limpia tamizada para cubrirlos, de manera que no hubiera rocas que salieran despedidas con los estallidos.

Todo un día en el mar

Aunque algunas de las secuencias acuáticas se rodaron cerca de Dunkerque, en el Canal de la Mancha, la mayoría de las escenas del Moonstone, uno de los barcos principales que aparecen en la película, corresponden al rodaje en los Países Bajos, en un lago artificial poco profundo llamado Ijsselmeer.

Para ayudar a conseguir todos los barcos y botes necesarios para la producción, localizaron docenas de barcos de época que se conservaban en nueve países diferentes. Incluían tres dragaminas, un barco-hospital y un destructor francés de 107 metros de largo llamado Maillé-Brézé

La cámara empleada en Dunkerque fue una adaptación del equipo empleado por Nolan en las secuencias de coches de las películas de El caballero oscuro, conocido como Edge.

Para ayudar a conseguir todos los barcos y botes necesarios para la producción, localizaron docenas de barcos de época que se conservaban en nueve países diferentes. Incluían tres dragaminas, un barco-hospital y un destructor francés de 107 metros de largo llamado Maillé-Brézé, que, puesto que ya no tenía motor, fue remolcado desde Nantes, donde hacía de museo desde 1991. Este último aparece en algunas de las imágenes más impactantes de la cinta “cuando el Moonstone pasa a su lado con cientos de soldados en cubierta”, recuerda Emma Thomas. “Creo que es uno de los momentos que más me han calado de ‘Dunkerque’ porque resume lo increíble de esta historia: la idea de gente normal en embarcaciones de recreo haciendo algo realmente crucial por el ejército”.

Además, la producción adquirió un pintoresco yate de 12 metros construido en 1939 para que fuera el Moonstone del señor Dawson. Andrea comenta: “Lo compramos porque nos permitía hacer lo que quisiéramos con él, con el reparto, con el equipo técnico y con las cámaras IMAX”.

Mark Rylance, que rodó casi todas sus escenas a bordo del Moonstone, se encariñó especialmente del barco de su personaje y explica que “pasé muchas horas dentro. Tiene una cabina preciosa, que el departamento de arte decoró maravillosamente con pequeños libros en la estantería y todos esos artículos de época. Incluso cuando abrías un cajón, te encontrabas esas preciosas latas y demás elementos de los años 40”.

El día más importante del rodaje en el mar —la semana dedicada al cruce del Canal— había nada menos que 62 barcos sobre el terreno. El equipo estaba muy agradecido de contar con algunos de los barcos que zarparon de verdad de Inglaterra en 1940 para rescatar a los hombres en la playa de Dunkerque y que la Asociación de Pequeñas Embarcaciones de Dunkerque se había encargado de mantener desde entonces. Los barcos que recrearon su viaje audaz e histórico para la película fueron el Caronia, el Elvin, el Endeavour, el Hilfranor, el Mary Jane, el Mimosa, el MTB 102, el New Britannic, el Nyula, el Papillon, el Princess Elizabeth y el RIIS I.

Con vistas de darle el mayor realismo a esta película se filmó a tres Spitfire de época sobrevolando el cielo del Canal. Nathan Crowley encontró tres Spitfire —dos Mark 1 y un Mark 5— además de un HA-1112 Buchón español para hacer de los ME-109 alemanes, más conocidos como Messerschmitt

Una hora en el aire

Con vistas de darle el mayor realismo a esta película se filmó a tres Spitfire de época sobrevolando el cielo del Canal. Nolan quería capturar la furia e intensidad de los combates aéreo: “en nuestros días, con las GoPro y otros dispositivos similares, estamos muy acostumbrados a ver acontecimientos extremadamente físicos desde ángulos subjetivos muy interesantes. Como realizador, eso me hace subir el listón al tratar de rodar aviones de 1940 de forma atractiva para el público moderno. Queríamos mostrarlo todo desde la perspectiva de los pilotos, pero usando cámaras IMAX. Fue todo un desafío meter una cámara enorme en la cabina de un Spitfire, pero estábamos decididos a hacerlo”.

El primer paso fue conseguir los aviones. Nathan Crowley encontró tres Spitfire —dos Mark 1 y un Mark 5— además de un HA-1112 Buchón español para hacer de los ME-109 alemanes, más conocidos como Messerschmitt. Sin embargo, Nolan reconoce: “Nos tomamos ciertas licencias históricas por exigencias narrativas. Por ejemplo, nuestros ME-109 Messerschmitt tienen el morro amarillo, aunque todavía no habían empezado a pintarlos así por aquel entonces. Pero eso permite al público distinguir más fácilmente a los enemigos de los Spitfire”.

Además, el coordinador de escenas de acción Tom Struthers tuvo la idea de utilizar un Yak-52, un aparato soviético biplaza que se parece lo suficiente a un Spitfire y que el equipo de Crowley podría hacer pasar por uno de los aviones de combate británicos más icónicos en los planos cortos de los actores a los mandos.

“Esas minúsculas cabinas tienen una dimensión físicamente íntima… Queríamos que fuera uno de los aspectos más importantes de la película, colocando al público en ese asiento. Fue muy difícil de lograr”, comenta Nolan.

Los combates en Dunkerque obligaron a los pilotos a volar con los distintos aviones para preparar una minuciosa coreografía con todas las maniobras. “Debido a la velocidad a la que ocurría todo, nuestros pilotos tuvieron que dedicar mucho tiempo en tierra a la planificación y preparación. Cuando estás en el aire, la comunicación —especialmente con estos aparatos antiguos, que son muy ruidosos— puede resultar complicada”, explica Nolan.

El primer paso fue que el supervisor de efectos visuales Andrew Jackson cartografiara junto a Nolan cada secuencia aérea. “Empezamos a trabajar muy pronto”, recuerda Jackson, “recreando con exactitud lo que hicieron los aviones durante cada una de las batallas aéreas sirviéndonos de la previsualización por ordenador. Eso nos permitió empezar la película con una idea general de cómo iba a discurrir la acción”.

Jackson también pasó tiempo con la unidad aérea rodando tomas de los aviones y desde la perspectiva de la cabina a través de las miras de las ametralladoras. “Colocamos cámaras dentro del parabrisas y las movíamos para conseguir los destellos del sol y otros efectos atmosféricos”, cuenta.

La banda sonora como pieza unificadora

Cuando la fotografía principal de Dunkerque ya estaba lista, Nolan se reunió con dos de sus antiguos colaboradores, el montador Lee Smith y el compositor Hans Zimmer, para completar este thriller épico. El sonido y la música se fusionaron para destacar la carrera contra el reloj, pues el objetivo de Nolan era que mediante “la música amplificar el ritmo poco habitual del guion. En la película, la banda sonora aparece como una pieza larga con una estructura de tonos compleja y unificadora. Los efectos de sonido y las distintas escalas temporales de la historia se entrelazan con la música de Hans”.

Para incrementar el suspense, Nolan y Zimmer implementaron también una variación de un tema que sirve de guía, una técnica que crea la ilusión de un tono continuamente in crescendo.

Por sugerencia de Nolan, Zimmer integró en su banda sonora una adaptación de “Nimrod”, el tema ascendente de Edward Elgar, que Nolan describe como “tan querido por los ingleses como la propia historia de Dunkerque”. Zimmer recurrió al compositor y director Benjamin Wallfisch quien, junto con Nolan y el editor musical Alex Gibson, elaboraron una nueva versión moderna que va cobrando fuerza con la imagen y el sonido del film.

En definitiva, querían que la banda sonora reflejara las circunstancias de aquel histórico suceso de Dunkerque: una historia de supervivencia y el triunfo del esfuerzo común frente al heroísmo individual. “Queríamos llevar al espectador a la playa de Dunkerque, a la cubierta del Moonstone y a la cabina de un Spitfire”, para que viviera algo muy intenso, como si verdaderamente estuviera allí, en aquellas circunstancias altamente dramáticas.

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