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El viento se levanta…

… te sube y tardas mucho en bajar (buena noticia, en breve, sale en DVD)

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Porque la audacia de Miyazaki con El viento se levanta es de vértigo.

Esto es una nota rápida, así que una socorrida exposición de motivos:

1. El maestro no deja de sorprenderme. Cielos, qué guión, qué prodigio de historia… El tratamiento es arriesgadísimo, tremendamente exigente.

2. El sueño (en sus distintas acepciones) es una constante en Miyazaki; aquí logra unas hipnóticas rimas en asonante en un poema que funde Oriente y Occidente, unas rimas y unos encabalgamientos que te dejan lelo.

3. El silencio jamás se había tratado así en una película de animación (lo usó portentosamente WALL·E, pero era un silencio sincrónico y éste no lo es). Su peso dramático es portentoso y sirve para decir con delicadeza: no mire, contemple; no oiga, escuche.

4. La sabia decisión de tasar la música. Qué honradez para no hacer “bonito” lo que no es “bonito”. Y hacerlo teniendo a tu disposición a Hisaishi es homérico.

5. La apertura y el cierre de la película solo están al alcance de un genio en la cima de su arte.

6. Es emocionante ir percibiendo, uno a uno, los amores del ya anciano Miyazaki (73 años muy bien llevados) a lo largo de la película. Están todos, absolutamente todos. Releer (me lo digo a mi mismo) a Laura Montero para comporbarlo.

7. El atracón de belleza te deja sin respiración, pasaría horas comentando secuencias. Pero esa del dormitorio de ella: “arrima la mesa y cógeme la mano y fuma…” es para interrumpir la proyeccción y estar gritando bravo hasta perder la voz.

8. Los trazos autobiográficos de Miyazaki en la película, el amor a los suyos que se percibe en cada fotograma. El hilo que los cose a la vida del ingeniero aeronáutico  Jiro Horikoshi. El padre de Hayao, Katsuji Miyazaki (1915-1993) dirigía una empresa, Miyazaki Airplane que hacía los timones de cola del Mitsubishi A6M3 Zero. Su madre padeció tuberculosis y tuvo ingresos hospitalarios prolongados. Los Miyazaki tuvieron cuatro hijos.

9. Las ganas de que Mariam Vizcaíno escriba en FILA SIETE sobre el vestuario de la película, una suerte de recorrido indumentario por la vida de Japón de los 20 a los 40 del siglo pasado.

10. Entiendes que después de una película así, Miyazaki entone el Nunc dimittis como director. Es como sí -con humildad y una sonrisa- dijera: “Y esto ha sido todo, amigos”.

El ingeniero aeronaútico Jirō Horikoshi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor