Festival Cannes. Día 2. El camaleón y el moralista.

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Crónica del segundo día de Cannes. La sección oficial empieza poderosa.

EL CAMALEÓN Y EL MORALISTA

Se respira optimismo en la septuagésima edición del Festival de Cannes. La Ceremonia de Apertura ha sido excelente, las actrices lucían bellísimas en la alfombra roja, no han parado de fondear enormes yates en la bahía y, por encima de todo, el primer día de proyecciones ha sido brillante. En el Palacio de Festivales sólo se habla de cine y aquello que está por venir se antoja todavía mejor.

Wonderstruck de Todd Haynes ha abierto la competición y aunque ha recibido una enorme ovación en la Premiere, las opiniones matutinas –tras el pase de prensa- han sido más encontradas. No lo tenía fácil el director estadounidense después de su Carol de hace dos años que injustamente perdiera la Palma a favor de Deephan. Aquella cinta quedó en la memoria del festival y fue nominada a seis oscar un éxito difícil de emular.

Wonderstruck. Todd Haynes
Wonderstruck. Todd Haynes

La propuesta de Haynes de este año es muy diferente. Se trata de una película para todos los públicos en el mejor sentido de la palabra. “Cine familiar” con mayúsculas, cine inteligente algo parabólico y alambicado pero de profunda raigambre humana. Se trataba de poner al día los relatos de iniciación de Charles Dickens –Oliver Twist, David Copperfield– con vocación imaginativa y raíces fantásticas.

La historia de Rose, la niña protagonista, y su alma gemela Ben transcurre a lo largo de dos décadas paralelas, los neoyorquinos años 20 y 70 respectivamente. La estructura, basada en la novela homónima de B. Fitzgerald –autor de La invención de Hugo-, no está muy equilibrada. El inicio es premioso para una película de estas características y quizás con un guión más sólido la narración sería más eficaz.

Sin embargo, el envite, que a priori parece alejado del universo del autor de Velvet Goldmine, consigue su propósito porque Haynes no deja de lado su mejor arma: el estilo. La cinta es fastuosa en todo lo que tiene que ver con el aparato artístico. No en vano Haynes es el director que mejor camaleoniza épocas en el cine norteamericano actual, nunca se entrega a las tentaciones retro y su trazo siempre es claro. En Wonderstruck, sin estridencias, cada plano es una pieza de cámara, arquitectónico y pleno de buen gusto.
Capítulo aparte merece el diseño de sonido, la partitura y la selección de canciones. Wonderstruck se ve con deleite pero también se escucha con gozo, es una película musical en el sentido más puro de la palabra. En el film la belleza sonora es inseparable de las imágenes subyugantes.

Por último destacar que se presume una nominación al Oscar para Julianne Moore, en este caso en un doble papel secundario.

Loveless la otra gran película del día es un filme que gana la partida allá donde a Wonderstruck se quedaba en tierra de nadie: su comienzo y tal vez su primera hora son espectaculares. El ruso Zvyagintsev es un director de pegada como ya demostrara con Leviatán. Hay un plano en la apertura de su película que merece entrar en la antología de los mejores planos de la historia del cine, tal vez su capacidad de encuadre esté a la altura del mejor Bergman.

Loveless.
Loveless. Andrei Zvyagintsev

La historia en este caso también se haya en las antípodas del cine familiar. Loveless es una película feroz, despiadada. En la línea del mejor cine del Este de Europa la cinta no se anda por las ramas, va al centro de la miseria humana, el título es toda una declaración de intenciones. Como en las obras de Mungiu o Puiu no hay asideros para lo políticamente correcto, toda la podredumbre queda expuesta.

Zvyagintsev, como Dostoievski, es un moralista. Eso le sienta bien a la película que no deja títere con cabeza. El paisaje de la opulenta San Petersburgo se convierte en una especie de infierno interior donde oficinas y áticos de lujo conviven con el desamor y la derrota espiritual. La crueldad de la pareja protagonista al tratar el destino de su hijo en común es mostrada sin medias tintas: el mal no sorprende y tal vez por eso es más aterrador; Loveless es auténtico cine social porque pone el dedo en la llaga.

En su tramo final cuando Zvyagintsev se pone más parabólico -la metáfora sobre la guerra de Ucrania es quizás lo más flojo del filme- el espectador teme la debacle. Sin embargo enseguida se recupera el pulso y se dibuja la resolución del drama central. Zvyagintsev es un director frontal, directo y cuando se pone simbólico tiende a perder potencia visual; lo sabe y por eso no da descanso. Sin duda ha entregado una auténtica candidata a la Palma de Oro.

 

 

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