Festival de Cannes. Día 7. Historia de una foto

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Los organizadores del Festival han regalado un photocall excepcional para celebrar el setenta aniversario. La concentración de talento que muestra la instantánea no tiene paragón en la Historia del Cine. Es un resumen inesperado del poder del Arte más universal que ha conocido la humanidad.

Una ceremonia de los Oscar puede concentrar un nivel de estrellas similar, tal vez mayor que la que había hoy en la Croisette. Sin embargo la foto llama la atención al espectador de hoy por su universalidad.

Por una parte se refrenda la condición democrática del talento: Charlize Theron –una actriz sudafricana que empezó como modelo publicitaria-, comparte foto con Christoper Ganz –que empezó como actor de telenovelas austriaco-. Por otro destaca la internacionalización de los talentos: los mexicanos –Del Toro, Iñarritu, Luna, Garcia-Bernal-, los coreanos, los latinos –Sorrentino, Moretti-, el mauritano Sissako, los chinos, japoneses, rumanos, … Directores venidos de todo el mundo que deleitan al público con sus filmes más o menos narrativo.

El diseñador del Photocall además se ha permitido una mirada retrospectiva de la Edad de Oro del Cine Europeo. Así Jean Pierre Leaud acudió en representación de la Nouvelle Vague, Liv Ullman como recuerdo de lo que una vez fue el talento más proteico del norte –Bergman-, recorrido que tal vez concluye con Almodóvar y Haneke cómo máximos exponentes de la vanguardia europea.

Por otro lado se ha querido dar preminencia a los directores políticos. Oliver Stone no ha dejado de rodar, Loach vive una segunda juventud y Costa-Gavras ejerce como padre espiritual de todos ellos.

También pueblan la foto estrellas de Hollywood como Will Smith, auténticos profesionales del negocio que no desentonan con los más radicales Cantet o Lanthimos. También hay espacio para las actrices con carreras asociada al cine independiente –Delpi- o estrellas de nuevo cuño –Chastain-; antiguas musas de época, la Cardinale, la propia Ullman.

La fotografía del Festival es por tanto la fotografía del propio cine, un arte que se da periódicamente por enterrado hasta que llega una nueva edición de Cannes. Parece como si la fotografía resolviese todos los conflictos que desvelan al cinéfilo más dedicado.

La dicotomía tradicional entre films comerciales y artísticos cae por su propio peso cuando se enfrenta a George Miller con Berenice Bejo. Son por tanto, las dos caras de la misma moneda. Una, inseparable de la otra. Actrices más puras –la Huppert, Deneuve– conviven con otras de fotogenia salvaje –Monica Belluci. Parece como si la imagen captada por cientos de fotógrafos tuviese el poder de adivinar los deseos ocultos de las estrellas. Allá donde mira el espectador encuentra motivos para seguir viendo cine, para no parar de mirar.

La Sección Oficial sigue su curso, así como las otras Secciones con A certain regard a la cabeza. En esta última se ha proyectado L’atelier prodigiosa puesta al día de los presupuestos didácticos de Laurent Cantet, secundado por su fiel guionista Robin Campillo. La cinta, desnuda como todas las de su director, no aburre en ningún memento. La dosificación de la información y la frescura de las interpretaciones hacen de La’atelier una propuesta oportuna. En el día después de los atentados de Manchester la película trata el tema de la violencia terrorista desde un punto de vista inesperado. A través de la literatura y la escritura una profesora ilumina el corazón de un alumno de familia de extrema derecha y tendencias autoritarias. Con la maestra descubrimos cual es la actitud de sus alumnos que en general quieren aprender a pesar de las dificultades de tipo social heredadas por sus padres. Se trata de educarse en una puesta en común. La película se sigue con interés y está bien realizada. Cannes no se detiene y hasta en el día del aniversario sigue proyectando filmes de calidad.