Festival de Cannes. Día 8. Sin favoritos.

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El Festival de Cannes de dos mil diecisiete prosigue sin una película que aglutine todas las apuestas. La favorita de la crítica es Loveless de Zvygantsiev; Variety se ha descolgado hoy apuntando a Lanthimos como ganador pero las reservas de la miembro del jurado más cinéfila –Jessica Chastain-, a quién no gustó el filme, descartan que sea premiada con el máximo galardón. Algunas de las apuestas seguras han decepcionado –Haneke, Haynes-, se esperaba más de las vacas sagradas y quizá por ello sea el año de las películas del Este de Europa. La cosecha asiática no ha sido brillante y otros candidatos, con la excepción de Campillo que puede dar la campanada con una cinta militante, parten en clara desventaja.

Hoy se presentaban dos filmes centrados en personajes femeninos. Sabida es la tendencia de Thierry Fremaux a agrupar las jornadas del Festival con un aire didáctico.

Vuelve Coppola

La primera del dúo feminista está dirigida por Sofía Coppola que tiene una relación complicada con el Festival, aquí fue vapuleada su María Antonieta (2007) y pasó sin pena ni gloria The bling ring (2014). La cinta es una adaptación de la novela de los años sesenta Beguiled y en parte –cómo se reconoce en los créditos- un remake de la película que rodara Don Siegel en los años setenta, un filme nada típico en la carrera de Clint Eastwood. La Coppolla se permite cambiar el punto de vista, que vira del soldado herido protagonista hacia el sexteto de doncellas que lo acoge en la plantación que hace de refugio y escuela para ellas.

The Beguiled. Sofía Coppola.
The Beguiled. Sofía Coppola.

Las actrices están muy bien en esta especie de revisitación del tema de Las vírgenes suicidas (1999) con mención especial para una Nicole Kidman ubicua, así como Colin Farrell que culmina su reciclaje como actor de carácter con una energía brandoniana. La fotografía estará sin duda al Oscar y la carrera comercial de la cinta se espera como la mejor de la realizadora desde los tiempos de Lost in translation. Detrás del proyecto hay un gran estudio –Universal- que se ha esmerado en limar los tic autorales de la realizadora y en manejar el ritmo de una cinta que trata temas poco habituales en las carteleras, así la estructura evoluciona de una forma algo tosca, consecuencia esto último de la política de test con público que realizan los estudios.

Curiosamente la cinta de Sofía Coppola es menos sutil que la de un director netamente hormonado como Siegel. La cuestión es pertinente ahora que los remakes asolan la cartelera. Siempre se ha entendido la reedición de un filme como la puesta al día del contenido del mismo. Sin embargo con el paso de los años también se constata que los remakes tienen vida propia, es curioso que Sofía Coppola haya elegido una temática de política sexual como centro de su historia. La visión de una mujer directora que tratara en una película el tema del deseo femenino no debería ser tabú pero viendo Beguiled se demuestra que sutilidad y toque femenino no siempre van de la mano.

Cine ucraniano

La otra cinta del día venía con la vitola de favorita. Kotkaya, que los franceses han traducido como Una mujer douce de Sergei Lonitzsa se ha comportado correctamente durante las dos primeras horas de proyección. Con todas la virtudes que iluminan el buen cine del Este de Europa –narración directa, uso de la toma larga- la cinta del ucraniano Loznitsa se esfuerza por tocar los temas más queridos del Festival llamando descaradamente a las puertas de la Palma de Oro. Que la apuesta le haya salido bien o no, es otra historia.

Queda eso sí una cinta bien rodada en su mayor parte, una interpretación –la de la protagonista Vasilina Makovseva que es firme candidata a premio- y el atisbo de obra maestra si hubiese sido un relato más centrado y menos exhibicionista.