El Padrino

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Don Corleone es uno de los jefes de las familias mafiosas radicadas en Nueva York. Conoceremos cómo llegó hasta ese lugar.

Nadie podía suponer lo que un desconocido director de 33 años iba a hacer con la novela de Puzo. Coppola dejó a todo el mundo boquiabierto, empezando por la Academia, que se apresuró a darle tres Oscar (película, guión adaptado y actor, un Brando asombroso) y la mano de su hija. Y la verdad, es que la película merece esos premios y algunos más (bueno, dos años después le dieron 6 a la segunda parte).

El gran inconveniente de ser Francis Ford Coppola es que su filmografía se di­vide en dos obras maestras y todo lo de­más. Son estimables Cotton Club, Apocalypse now, Tucker, un hombre y un sue­ño… Pero comparadas con las dos pri­meras partes de El Padrino, el resto de sus películas se quedan en notables in­tentos cuando no plenamente prescindi­bles (Corazonada, Rip Van Winkle, Jack, Legítima defensa, Juventud sin juven­tud, Tetro). Es difícil recordar un títu­lo real­mente interesante en sus últimos vein­te años de carrera, algo parecido le pa­sa a su amigo George Lucas. Pe­ro no su­cede con los grandes directores de su generación y los de la anterior: Steven Spiel­berg, Martin Scorsese, Ridley Scott, Clint Eastwood o Woody Allen.

Sin embargo, Coppola sigue teniendo en su filmografía las dos cintas más indis­cutibles e influyentes de los últimos cua­renta años. Dos películas que superan con creces la novela original de Mario Puzo.

Al ritmo de la música de Nino Rota, asistimos a la vida de crímenes y extorsiones de unos gánsters que pretenden ser unos perfectos esquizofrénicos capaces de preservar a sus familias de todo rastro de su “vida profesional”. El relato tiene una fuerza tremenda y cuenta con unas interpretaciones soberanas de un reparto donde los veteranos conviven con gente nueva, como un Pacino excepcional que muy pronto se estropeó -también le pasó a De Niro, que en la segunda parte es el joven Vito Corleone– por empezar a interpretarse a sí mismo y a llenarse de tics. Los montajes paralelos revelan gran pericia y confieren a la cinta un tempo envidiable.

El Padrino versus Cabaret

Como hemos indicado, a pesar de sus tres Oscar, El Padrino cedió muchos de los grandes pre­mios de ese año al musical Cabaret, de Bob Fo­sse (que se llevó concretamente 8, entre ellos los de me­jor director y actor secunda­rio que ten­drían que haber ido para Co­ppola y cual­quiera de los Pacino, Du­vall o Caan). Aún así, el tiempo no ha dejado de añadir quilates a esta obra de arte.

La edición en DVD “Especial 40º Aniversario” (muy recomendable) toca casi todos los aspectos que ha­cen que la película sea una obra maestra: interpretación, montaje, puesta en esce­na, música. Además, hay curiosidades co­mo el árbol genealógico de la familia Cor­leone o un reportaje sobre los problemas que tuvo Coppola con la Cosa Nostra.

Sin llegar a ser tan conflictivo como el ro­daje de Apocalypse now, esta edición deja cla­ro que la producción El Padrino no fue un camino de rosas. Aparte de los problemas con la mafia y las dificultades económicas, el dilema era contratar al camaleóni­co, genial e insoportable intérprete de La ley del silencio. Rodar con Brando en 1972 una película de casi tres horas era al­go que pocos se atrevían a hacer, pero Co­ppo­la sabía que sólo él podría darle el matiz necesario a Don Vito Corleone. El tiempo, también en esto, le dio la razón.

The Godfather País/Año: EE.UU., 1972 Dirección: Francis Ford Coppola Guión: Mario Puzo, Francis Ford Coppola Intérpretes: Marlon Brando, Al Pacino, James Caan Drama Duración: 164 minutos.

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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual. Escritor

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