· Allen pulsa con genialidad las te­clas de la comedia, el romance y la aven­tura sacándoles una melodía nostálgica que siempre se escucha con agra­do.
En una ocasión, Woody Allen contó que La rosa púrpura de El Cairo es de las pocas películas que ha hecho cuyo re­sultado co­rresponde con su intención. La qui­so, se encerró a escribir­la, le perdió la pis­ta, la dejó a un lado y no fue hasta mu­cho después cuando la idea le “golpeó” y se convirtió en película de verdad. Todo un paralelismo con su per­sonaje, CeciliaMia Farrow– que aho­ga las penas en el cine de barrio, don­de va a ver una y otra vez a su amor platónico, Tom Baxter (Jeff Daniels), héroe de película, poeta y explorador, hasta que éste salta de la pan­talla para vivir con ella una aventu­ra de amor.larosapurpura5

Puede que no sea la mejor película de Allen, pero en su decimocuarto largometraje, el director, actor y músico de Brooklyn pulsa con genialidad las te­clas de la comedia, el romance y la aven­tura sacándoles una melodía nostálgica que siempre se escucha con agra­do, la del deseo de refugiarse en los sueños. En nuestra vida siempre ha­brá un estado emocional que nos lleve de nuevo al Cine Jewell.

La crítica la recibió con agrado y le otor­gó una nominación al Oscar al guion original, un Globo de Oro en la mis­ma categoría, el premio Fipresci de Ca­nnes para su director y escritor, y dos premios Bafta, a la película y el guion.

larosapurpura7Y es que el texto, inspirado en la obra de Pirandello Seis personajes en bus­ca de autor, fluye con destreza, está re­pleto de diálogos inteligentes, usa la con­traposición como motor, y dedica mul­titud de guiños a películas como El mo­derno Sherlock Holmes, de Keaton, Las campanas de Santa María, deMcCa­rey, Las noches de Cabíria, de Fellini, o Sombrero de copa, de Sandrich, lo que la ha convertido en paradigma de la metacinematografía.

El filme se estrenó en América en tres salas donde recaudó 114.095 dólares en su primer fin de semana y recibió elogiosas críticas.

La banda sonora de Dick Hyman, ha­bitual de Allen, es sensacional y la fo­tografía de Gordon Willis, con luces dis­persas y un plano sostenido de Mia Fa­rrow, sencillamente imborrable.

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