El libro de la selva

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Se cumple medio siglo de la primera adaptación de la novela homónima de Rudyard Kipling, recientemente versionada de nuevo por Disney

El libro de la selva se ha llevado recientemente al cine en imagen real, pero la versión animada de 1967 fue la última película producida por Walt Disney y confirmó una forma de hacer cine de animación detenida en clásica. A través de una dulcificada versión de la naturaleza salvaje, la adaptación de la novela homónima de Kipling muestra de forma entretenida el camino de la madurez.

Mucho se ha criticado la ideología Disney, impuesta a través de una soberbia maquinaria industrial. Pero, se esté a favor o en contra del way of life que su factoría de animación ha desplegado por todo el mundo, nadie puede dudar del carácter pionero y visionario de su fundador. Walt Disney murió justo antes de que se estrenara uno de sus proyectos favoritos, la adaptación de la obra de Rudyard Kipling El libro de la selva. Quizá por eso, aunque no sea su filme más logrado, supone algo muy especial para el cinéfilo.

La huella dulcificadora de Disney, tan denostada por algunos y bendecida por otros, suaviza sobremanera las espinas de Kipling para articular una trama trufada de simpáticos personajes y canciones pegadizas. Algo difícil de conciliar, en principio, con lo tremendo del argumento: Mowgli, un niño abandonado en la selva, es apadrinado por la pantera Bagheera, que encomienda su crianza a una manada de lobos. El peculiar cachorro crece feliz en la naturaleza salvaje hasta que el regreso de un tigre, gran dominador de la selva y enemigo acérrimo de los humanos, obliga a la manada a desterrarlo. La pantera accede a llevarlo a la aldea de los hombres.

Mowgli se niega a abandonar el estado de naturaleza, en medio de la feliz inconsciencia que representa su amigo el oso Baloo. Las cómicas peripecias de este entrañable personaje y la acertada dosificación de la música obran el milagro de convertir la peligrosa senda de Mowgli hacia la madurez en un ameno paseo, aunque el desenlace incluye momentos de gran tensión y una interesante enseñanza sobre la necesidad de quemar etapas para desarrollar todas las propias potencialidades, más allá de acomodaticios sueños adanísticos. A algún que otro personaje de la actualidad no le vendría mal repasar esa lección.

La calidad técnica y la estructura narrativa puede hacernos ver hoy la película como un artefacto algo rudimentario y algo plano, pero la percepción del cinéfilo es capaz de contextualizar estos detalles en la época para quedarse con la maravillosa esencia de la obra de arte y alinearla en los 50 años que siguieron de tremenda evolución en el cine animado.

The Jungle Book (1967) País: EE.UU. Dirección: Wolfgang Reitherman. Guion: Larry Clemmons. Montaje: Tom Acosta, Norman Carlisle. Música: George Bruns, Terry Gilkyson, Richard M. Sherman. Voces originales: Bruce Reitherman, Phil Harris, Sebastian Cabot, Louis Prima, George Sanders, Sterling Holloway, J. Pat O’Malley. Duración: 78 min. Distribuidora DVD: Disney. Público adecuado: Todos.