Fábula espe­ran­zadora sobre el heroísmo del ciudada­no medio americano que lucha día a día por sacar adelante a su familia y a su país sin pensar en sí mismo.

quebellovivirporIt’s a Wonderful Life País/Año: EE.UU., 1946 Dirección: Frank Capra Guion: Frances Goodrich, Albert Hackett, F. Capra Fotografía: Joseph Walker, Joseph Biroc Montaje: William Hornbeck Música: Dimitri Tiomkin Intérpretes: James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell, Henry Travers, Beulah Bondi Distribuidora DVD: Suevia Duración: 130 min. Público adecuado: +12 años

Célebre por ser la película más veces re­puesta en la televisión de muchos paí­ses durante la Navidad, ¡Qué bello es vivir! nos sigue tocando la fibra sensible y despertando los buenos deseos después de setenta años.

La genialidad de Frank Capra, capaz de aunar fantasía, drama y comedia y de do­tar a los personajes de gran calado hu­mano; la genial interpretación de Ja­mes Ste­wart, con un personaje comple­jo que le valió el relanzamiento de su ca­rrera -“Frank (Capra) salvó mi carre­ra”, dijo el ac­tor-, y los errores en la renovación del co­pyright del filme, han he­cho que el bue­no de George y su angélico protector Cla­rence se hayan queda­do para siempre en nuestro ima­gi­nario navideño.

¡Qué bello es vivir! es una fábula espe­ran­zadora sobre el heroísmo del ciudada­no medio americano que lucha día a día por sacar adelante a su familia y a su país sin pensar en sí mismo. La historia fue es­crita por Philip van Doren Stern en 1939, que, al no encontrar editor, se la re­mitió en 1943 a sus amigos, junto a una tarjeta de Navidad. El estudio RKO com­­pró los derechos para Cary Grant pe­­ro acabó vendiéndoselos a Capra y su Li­­berty Films.

Para Capra fue su mejor película, la que reunía en sí los temas que más gustaban al director, y sin embargo no fue bien recibida por un público que tras la Se­gunda Guerra Mundial consideraba pasada de moda la sensibilidad y el ritmo pau­sado del director de origen italiano. Re­cibió cinco nominaciones a los Oscar pe­ro no ganó ninguno, frente al realismo bé­lico de Los mejores años de nuestra vi­da, de William Wyler, que se llevó ocho.

La productora quebró y fue absorbida por la Paramount que olvidó renovar los de­rechos de autor de la película, que pa­só al dominio público en 1974. Ha sido pre­cisamente la televisión quien ha convertido en inmortal esta película hoy con­siderada como un clásico, una de las me­jores de todos los tiempos.