· Uno de los mejores filmes de Scorsese, que estuvo do­tado de gracia para desarrollar el extraordinario guion de Paul Schrader so­bre las llagas de la sociedad america­na de los años 70.

Taxi DriverTaxi Driver País/Año: EE.UU., 1976 Dirección: Martin Scorsese Guion: Paul Schrader Fotografía: Michael Chapman Montaje: Tom Rolf, Melvin Shapiro Música: Bernard Herrmann Intérpretes: Robert De Niro, Cybill Shepherd, Jodie Foster, Albert Brooks, Harvey Keitel, Peter Boyle Distribuidora DVD: Sony Duración: 113 min. Público adecuado: +18 años (VXD)

Taxi Driver es un clásico en las escuelas de cine. Un paradigma del thriller mo­derno que ha inspirado otras películas como Drive, de Nicolas Winding Refn, con Ryan Gosling y Carey Mulligan. Y a la vez tiene sus deudas. Críticos y académicos la han re­­lacionado frecuentemente con el western de John Ford Cen­tau­ros del desierto, sobre todo en el personaje de Ethan Edwards, que interpretó John Wayne.

Al encarnar al excombatiente de Viet­nam que trabaja como taxista nocturno en Nueva York, Robert De Niro es de alguna manera ese llanero desa­rrai­gado y contradictorio que cambia los extensos horizontes de Monument Va­lley por el skyline de Nueva York y sus más inhóspitos y bajos fondos. Co­mo el paisaje de Utah, la gran ciudad la­te también con la febrilidad y debilidad del pulso de un malherido. Aunque Tra­vis Bickle solo puede compararse a Ethan Edwards como el negativo al positivo, como reverso posmoderno donde bien y mal se desdibujan en aras de las pa­siones y conducen a la aniquilación en lugar de a la redención. El joven De Ni­ro hizo uno de los papelones de su vi­da en esta película, con un arco de transformación-descomposición sobrecogedor de taxista anodino a demente jus­ticiero.

Taxi Driver es también uno de los mejores filmes de Scorsese, que estuvo do­tado de gracia para desarrollar el extraordinario guion de Paul Schrader so­bre las llagas de la sociedad america­na de los años 70, con unas transiciones y una planificación que dejan fo­togramas inolvidables, como la apari­ción de Betsy con su abrigo blanco, ico­no de la pureza que Travis ansía o el mo­nólogo del taxista ante el espejo, me­táfora de su delirio.

Merece la pena también por ver a una jovencísima Jodie Foster, en un pa­pel muy difícil con el que ganó dos BAFTA a la actriz secundaria y re­ve­la­ción y una nominación al Oscar co­mo se­cundaria. Todo animado por el al­ma de la música de Bernard Herrmann.

La película obtuvo cuatro candidaturas al Oscar (película, actor, secundaria y música), la Palma de Oro en el Festival de Cannes, dos nominaciones al Glo­bo de Oro (actor y guion), tres BAF­TA y el premio al mejor actor a De Niro del Círculo de Críticos de Nueva York.