· “Hemos traído lo mejor de Hollywood a España”.

Tras disfrutar en el Festival Internacional de Cannes del estreno de su película, Un día perfecto (protagonizada por Benicio del Toro y Tim Robbins), Fernando León de Aranoa nos atendió amablemente y charlamos largo y tendido sobre su último proyecto.

Qué ha supuesto para usted un proyecto tan internacional…

Fernando León de Aranoa/ Ha supuesto un cambio de forma de trabajo. Hemos traído lo mejor de Hollywood, el talento de Benicio y Tim, y la hemos producido aquí, con mas control y libertad. Hemos contado con las ventajas de producir en Europa en cuanto a control y libertad y la calidad de Hollywood.

En su obra siempre hay interés por los grupos humanos (los parados, la familia), en este caso los cooperantes.

F. L./ Dentro de mi interés por los personajes, me gusta siempre convocar la empatía del espectador, en este caso también por un grupo humano. Como en otras películas que me fascinan, por ejemplo La familia, de Ettore Scola, donde es mas importante lo que pasa por debajo de la mesa, el entramado de relaciones, odios, envidias, rencillas, celos. Esta película permitía hacer todo eso en un escenario muy particular como es una zona de conflicto.

Usted estuvo en Bosnia…

F. L./ Estuve en Bosnia en 1995, el último año de guerra, rodando un documental sobre trabajadores humanitarios para una ONG española. Me traje alguna historia, una que llegué a escribir, que estaba ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente 15 años después, haciendo un documental en Ruanda, me hablan de la novela de Paula, me gusta el pretexto. Y al tratar de escribir la adaptación, mi experiencia en Bosnia me ayuda. La novela no esta ambientada en Bosnia sino en Kosovo, sin duda mi experiencia allí me ha servido para darle a los actores el contexto y rodar desde mi memoria. Por ejemplo, cuando recuerdas que han desminado un campo para que pases, esa experiencia es útil, te ayuda a contar la película.

Creo que ha conseguido transmitir esa experiencia.

F. L./ Intentaba transmitir el absurdo de la guerra, donde la primera victima de cualquier conflicto es el sentido común. Los protagonistas intentan ordenar el contexto, pero todo esta al revés. La secuencia de la bandera, por ejemplo, donde un símbolo ahoga a una necesidad. Las lógicas absurdas de la burocracia, la violencia o el odio. Los cooperantes son los únicos que tienen un pensamiento lógico.

Escribe pensando en los actores…

F. L./ Intento escribir, trabajar como un guionista, sin pensar en un determinado actor. Escribo en el aire. Siento que tengo que encontrar primero a Mambrú, que tiene un papel central, mantiene el equilibrio. Benicio estuvo en el estreno de Los lunes al sol en EE.UU., sé que ha visto Princesas y Barrio y que le interesa mi trabajo. A mí me gusta mucho como actor y le propongo el guion. Su primera respuesta es positiva, le interesa el punto de vista, que contemos la rutina dura, la mierda, los cadáveres, las cañerías. El trabajo sucio en un lugar donde el trabajo es mucho más sucio.

El tono es tragicómico.

F. L./ El tono surge en la escritura, hay un tono de emergencia, una jornada. Mis recuerdos del año 95 sin embargo son luminosos, todo lo contrario al clásico paisaje neblinoso del genero bélico. Me interesa la mezcla de horror y vida. El humor también procede de la realidad, en cualquier lugar donde el drama está muy presente el humor es necesario para sobrellevarlo, en las morgues o en los quirófanos. No deja de ser un mecanismo de distanciamiento. Si te dedicas todo el día a empatizar con el drama no lo soportas.

Hay mucho humor.

F. L./ Es un material delicado narrativamente. Lo hablaba mucho con Tim Robbins durante el rodaje, pero queríamos que fuera así. Hay pases de mis películas en EE.UU. donde lo he sentido así, humor, y luego llega el momento de la frenada. Por eso en Cannes, cuando se pasó la película, creo que el ritmo de lectura fue el adecuado. Me gusta el riesgo como creador, me aburriría mucho hacer mi trabajo en la zona segura. He escrito filmes así para otros. Pero en mis películas me parece necesario que la propia cinta asuma el riesgo. En Bosnia, por ejemplo, las pintadas en las paredes denotaban un enorme humor, creo que era en Sarajevo o en Mostar, en la Avenida de los Francotiradores donde ponía “en Ruanda están peor…”.

A pesar de rodar en España, han conseguido una gran veracidad.

F. L./ Hemos tratado de ser muy rigurosos en el trabajo de documentación, contamos con apoyo de una productora de Sarajevo. Se hizo un casting en tres zonas del territorio, croata, bosnio y serbio. Debes tener la posibilidad de poner la película un día en Sarajevo, Belgrado o Zagreb. El tema de las lenguas es importantísimo.

¿Qué espera de la carrera internacional del filme?

F. L./ El carácter internacional de la película está en su ADN. Por ejemplo, en Médicos Sin Fronteras, cuando he estado en un conflicto, todo es un gran babel, una comunidad que intenta resolver o complicar. Por eso tuve muy claro que tenía que haber una actriz francesa, porque es muy común en el mundo de la cooperación que los franceses participen.

Esta temporada estrenan Medem, Amenábar y usted. Son una generación.

F. L./ Algo de eso hay, en todos nosotros, pero nuestro trabajo es muy distinto. Siempre lo he vivido como algo positivo, siempre me ha parecido un síntoma de diversidad o riqueza. Cuando he coincidido en festivales con Julio u otros compañeros sí he visto que se nos consideraba como una generación. A nivel industrial, sí que hubo una oportunidad. Hubo una serie de películas que conectaron con el público, cuando una iba bien, su éxito repercutía en el resto. Siempre he tenido esa sensación, cuando dos o tres películas españolas van bien, luego hay cuatro o cinco que se benefician de ese éxito, empatizan con el público y los medios, y cuando no es así hay distancia y brecha. Hubo ocho o doce directores que nos beneficiamos de aquello y los que vinieron después.

Ahora se siente más director.

F. L./ Me siento director pero tengo más experiencia como guionista, escribir me gusta mucho. Publico narraciones breves, hago documentales. Me gusta fabular, inventar. En la inercia del último libro, que ha ido muy bien, gané un premio en Cartagena de lectores jóvenes. Creo que es un buen libro de iniciación. Me lo paso muy bien haciéndolo. No puedo parar. Me gustaría mucho publicar una novela.

Fernando Hdez. Barral