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Josh Radnor, director de "Amor y letras" (Liberal Arts)

“Antes, rebelarse era hacer lo que querías; la auténtica rebelión ahora es imponerse ciertos límites”

Josh Radnor es un tipo sencillo, cordial, buen conversador. E inteligente, mucho. Es especialmente conocido por su personaje de Ted Mosby en la serie Cómo conocí a vuestra madre.

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Amor y Letras (Liberal Arts), la segunda película que escribe, dirige e interpreta, confirma e incluso lleva más lejos los conflictos y las evoluciones de unos personajes llenos de encanto pero muy reales, hijos del tiempo que vivimos.

Después de ver la película y de charlar distendidamente con Radnor, mi colega y amigo Juan Orellana y yo, nos apropiamos del título de su primera película para describir nuestra postura ante su cine: Happythankyoumoreplease.

Amor y letras se estrena el 15 de marzo en España.

Su película tiene personajes de varias generaciones, que viven las crisis y confusiones modernas que vemos en otras películas, pero en las suyas la última palabra nunca la tiene el desconcierto, ni el síndrome de Peter Pan. Sus personajes siempre maduran, crecen como personas, toman decisiones claras y constructivas. Se sentiría cómodo si se le considerara un Capra posmoderno?

Es una frase muy amable, gracias… un Capra posmoderno. Mire, suelo evitar las etiquetas, pero bueno, siempre acudimos al pasado para explicar el presente… Su comparación es muy amable, me siento halagado.

Convengo con usted en el primer punto, los personajes no se quedan anclados.  Siempre me decepcionan las películas en las que se presenta un conflicto y el problema siempre empeora… Me interesa la evolución de los personajes, quiero ver cómo mis personajes crecen, quiero verlos salir adelante a su manera, mejorar su situación y su visión de la vida, para mi es importante y lo llamo «encontrar el acorde” como en música, ya sabe, se puede tener esa discordancia, ese sonido de ocho tonos, pero en la nota final quiero sentirla armónica. Eso es muy importante para mí, para la obra que estoy creando. Que los personajes no se queden anclados, aunque lo estén al comienzo. No hay que pararse ahí, hay que seguir.

Amor y letras y su primera película, Happythankyoumoreplease, son como sinfonías del desconcierto de una generación. En ambas, se aprecia que usted está buscando respuestas, no hay cinismo, hay ganas de trascender, de no quedarse en la superficie. Hay una carga de espiritualidad. Algunos profesores les decimos a los universitarios que de alguna manera serán lo que lean, lo que escuchen. Y eso, tal cual, está en su película, la importancia de los libros, de la gran música de genios como Beethoven …

¡Qué buenas preguntas, gracias! Ciertamente, hay una búsqueda de algo trascendente, a mi me gusta decir «espiritual» aunque hay gente que tiene alergia a esa palabra, pero me parece que es una palabra adecuada. Claramente está en el fondo de mis dos películas. Esa espiritualidad, esa búsqueda de un significado más profundo de la existencia, de lo que está detrás.

Tenemos un tipo de racionalismo que nos hace decir que sólo es real lo que podemos medir, pero para una persona espiritual, una persona con una perspectiva metafísica, hay amplios mundos que no podemos ver, que todavía no podemos explicar pero sientes que son reales.

Y efectivamente existe ese desconcierto del que habla… Es una característica de la modernidad, exarcebada por los teléfonos, por todo ese ese ajetreo… Esperamos demasiado de la tecnología: ¿La tecnología nos va a dar más tiempo para todo lo que es importante en la vida, la familia, los amigos, el amor?

La realidad es que la tecnología dificulta todo eso, se entremete, crea una falsa sensación de estar conectado de alguna manera… hay cosas buenas en ella pero, en mis dos películas no hay Facebook ni Twitter, ni aparatitos modernos en los negocios… Porque mis películas tratan de gente que intenta conectar en un mundo en el que eso resulta difícil.

Creo que el antídoto para nuestro moderno desconcierto no es más tecnología, ni más píldoras, es algo en nuestro interior que tendremos que descubrir. Algo profundo, hay quienes lo llaman Dios, o Poder de lo Alto, o Amor, que es una palabra muy fuerte porque está asociada con Él.

Se ha etiquetado incorrectamente a mis películas como comedias románticas porque hay una historia de amor. Pero de lo que tratan en realidad es de conectar con algo más grande, más puro, que uno mismo busca dentro de sí, como como antídoto de esa sensación desconcierto que siente el mundo moderno.

Más allá de la dimensión espiritual, en la película hay personas que toman decisiones morales e intentan ser coherentes con ellas. A usted no parece darle miedo hablar de moral… El protagonista de Amor y letras dice: “Creo en las consecuencias”, y por ello llega a tomar decisiones heroicas. Sin embargo, el criterio dominante hoy parece ser el carpe diem. ¿Cuáles crees que son las carencias humanas o existenciales de la gente de nuestra generación?

Son muy amables. Gracias por estas preguntas. Saben… lo que me suelen preguntar es quién es la madre… [broma sobre la serie Cómo conocí a vuestra madre, la popular serie en séptima temporada de la que Radnor es protagonista] Así que es muy agradable oír esto.

Tengo la teoría de que en los 50 y 60 había tanta represión y tanta reserva que la revolución consistió en derribar esas barreras y dejar que la gente se comportase como les diera la gana. Y creo que de alguna manera fue algo necesario, lo que no quiero hacer de ninguna manera, ni en mis películas ni en esta entrevista, es convertirme en un «moralizador» alguien que apunta a la gente y les dicen que se están portando mal, porque no creo en eso.

Creo en la libertad de expresión y en el libre albedrío. Creo que la gente tiene derecho a comportarse como les parezca bien, pero creo que estamos en una época en la que muchos de esos muros se desmoronaron en términos de que conductas son admisibles.

Todo es aceptable a un cierto nivel, todavía hay unas pocas leyes pero prácticamente puedes hacer todo lo que te dé la gana,  y entonces la pregunta es, la que cada uno se tiene que hacer a sí mismo, para mí, cuál es la mejor manera de comportarme en cada momento, cuáles son los mejores pensamientos que hay que tener, las mejores palabras que decir, las mejores acciones que acometer.

Porque, ¿sabe? hay ciertos malentendidos, usamos la palabra karma sin saber muy bien qué significa, cada acción tiene consecuencias. Es muy sencillo, decimos algo y alguien responde de alguna forma.

Esa noción de Carpe Diem -aprovecha el momento- puede ser contaminada, corrompida, se convierte en «puedo coger lo que me apetezca, sea lo que sea lo que me apetezca»  Y no se presta atención a las consecuencias que pueden venir de esas acciones.

Mis películas hablan y muy directamente de estas cosas. Jesse sabe mucho más de las consecuencias del sexo que la joven Zibby, y  no os voy a decir mucho más en atención a los espectadores de la película… él entiende mucho mejor las consecuencias que ella.

Utilizando con cuidado lo que digo ahora, me han acusado de ser mojigato, de ponerme nervioso -principalmente estas críticas vienen de sector masculino-, mientras que las mujeres suelen darme las gracias por esa elección, porque no están acostumbradas a esas elecciones, no se suelen ver esas elecciones en el cine.

La mayoría de las películas en las que hay una relación entre personas con una importante diferencia de edad tratan de una furiosa relación carnal y la justificación de la misma. Esa no es mi película, cuando se ve el poster se puede creer que es una historia de amor-sexo, se ve la diferencia de edad y se adivina lo que va a pasar. Pues esa no es esta película.

Antes, rebelarse era hacer lo que querías; la auténtica rebelión ahora es imponerse a sí mismo ciertos límites, límites que sólo uno puede imponerse, sólo uno mismo puede decidir lo que es adecuado y lo que no lo es.

Cada uno a cada momento puede decidir darle un puñetazo a alguien. Podríamos comportarnos como animales, pero no sería lo mejor para nosotros, para nuestros «espíritus» ni para nuestras sociedades, lo que yo hago es poner a los personajes en unas situaciones en las que ellos tienen que hacerse esas grandes preguntas y decidir los límites. Se trata de un proceso muy espiritual, eres responsable de algo, que quizás no es visto en ese momento.

¿De dónde nacen sus historias, cuáles son sus preocupaciones? Sus películas son comedias románticas muy entretenidas y amenas pero, a diferencia de otras, hacen pensar sobre cosas importantes. Me gusta e interesa el Bergman de ida, no el de vuelta; el Woody Allen que busca no el que se ha vuelto cínico. Usted busca. Podemos ser cristianos o judíos (creo que usted lo es) pero compartimos una visión de la belleza que salva, que da sentido a la vida… ¿Ha buscado este discurso en su película?

Creo que sí, tal vez inconscientemente. Ciertamente las cualidades que se muestran descaradamente en el campus me son muy queridas, bellos edificios, la naturaleza, los libros y la poesía que leen es bella, también la cita de Keats «Beauty is truth and truth is beauty». El profesor hace un juego de palabras  y es parte de la confusión moderna ese “trudy is beuth” (esa transformación onomatopéyica), ese embrollo, esa confusión.

Cada vez que se habla, hay que «desembalar» el significado de las palabras, belleza tiene significados diferentes según las personas. Para unos es sólo la belleza física, para otros es algo interno, una cualidad poética, al igual que la provocativa cita del principio de la película, del Eclesiastés, … ¿de qué sabiduría estamos hablando? La de los libros, qué significa la tristeza, es un paso en nuestro camino para convertirnos en un ser humano más profundo, mejor en la plenitud que esa palabra contiene.

Alberto Fijo / Juan Orellana

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor