Inicio Noticias Entrevistas Rodrigo Sorogoyen y Borja Soler, autores de "Stockholm"

Rodrigo Sorogoyen y Borja Soler, autores de "Stockholm"

El director, guionista y productor Rodrigo Sorogoyen

Realizadores y productores de «Stockholm», ambos estuvieron  en un ENCUENTRO FILA SIETE en Madrid.

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Rodrigo Sorogoyen acaba de estrenar Stockholm, una película hermosa y sincera sobre la manera de querer y querese de una generación.

Esta es la entrevista que le hizo nuestro redactor-jefe cuando la película pasó (y triunfó) en el Festival de Cine Español de Málaga.

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Stockholm se rodó en 13 días, con un presupues­to pequeñísimo (60.000 euros), más de 250 perso­nas que colaboran en la financiación, utilización de “crowdfunding” (financiación colectiva)… ¿La cri­sis agudiza el ingenio?

Rodrigo Sorogoyen/ Por supuesto, no cabe ningu­na duda. A lo largo de la historia ha habido grandes prue­bas de ello. Estamos sumidos en una situación crítica, pero las ganas de hacer cine pueden con todo. El in­genio se agudiza y se buscan las maneras y los recur­sos necesarios para que se siga practicando algo tan an­tiguo y primitivo como es contar historias.

Toda la película está apoyada en la interpretación de Javier Pereira y Aura Garrido, que monopo­li­zan la historia. ¿No te daba miedo tanto riesgo? ¿Te­nías dudas que entre los dos actores existiese la quí­mica necesaria?

R. S./ Para mí el guión era una base estupenda. Solo se ne­cesitaban dos buenos actores. Y se escogieron a dos gran­dísimos actores. Ahí estaba la clave. La dirección de actores se basa en un 50% en el casting. No fa­llamos. En cuanto a la química surgió como debía sur­gir, que los actores no se conocieran entre sí ayudó mu­cho a la credibilidad de sus personajes y de su situación en la historia.

A lo largo de la película utilizas con frecuencia el pla­no-secuencia. ¿Te interesaba especialmente co­mo medio de credibilidad interpretativa?

R. S./ Exacto. Soy fan del plano secuencia. ¿Si algo se puede contar con un plano por qué contarlo en dos? Es lo que da credibilidad a lo que sucede, a lo que el es­pectador ve. Es la mejor manera para que los artificios sean los menos posibles. Obviamente hay películas que no lo piden, pero Stockholm lo pedía a gritos. So­bre todo en la segunda parte de la película, la histo­ria pedía planos largos y planos secuencias, había que huir del artificio y centrarse en lo real, intentar meter al espectador en esa casa y vivir lo que los personajes es­tán experimentando. Y lo que están experimentando no es otra cosa que la más horrible cotidianidad.

Stockholm es una película generacional que se ale­ja totalmente de los clichés juveniles de taqui­lla­zos nacionales cinematográficos y televisivos co­mo Fuga de cerebros o La que se avecina. ¿Era cons­ciente de hacer una película a contracorriente?

R. S./ Gracias, la verdad. Era un objetivo primordial. Si no hubiéramos intentado hacer eso, la película no val­dría para nada.

Es muy difícil contar una historia banal que le ocu­rre a casi todo el mundo cada fin de semana y hacerla interesante y desde una perspectiva madura. Esperamos haberlo conseguido, o habernos acercado, al menos.

El amor y el sexo se confunden en su película en con­versaciones que suenan muy cercanas. ¿Crees que la hipersexualización que muestran las pelícu­las juveniles es una realidad que genera una ficción o una ficción que moldea la realidad? ¿Con­sideras que las relaciones actuales están con de­masiada frecuencia heridas de hipocresía y superficialidad?

R. S./ Por supuesto. Se retroalimentan mutuamente. So­mos así por lo que vemos todos los días en la televi­sión y en las revistas. Pero no nos olvidemos que las re­vistas y la televisión tienen esos contenidos porque los demandamos. ¿Heridas de hipocresía y super­fi­cia­li­dad? Somos más susceptibles a ello, sí. Nos es fá­cil caer en esa hipocresía y en esa superficialidad sin nin­gún reparo… pero también somos más resistentes. Estamos muy curados de espanto. Nos estamos ha­ciendo muy escépticos.

Claudio Sánchez