Clint Eastwood. Tras las huellas de Harry

0
544

Clint Eastwood es, a sus 77 años, un director de vitalidad envidiable que, como Woody Allen o Manoel de Oliveira, regala prácticamente una película anual desde hace 15 alibro eastwoodños.

En este tiempo la crítica ha aplaudido casi unánimemente obras de una gran calidad y de un sello fatalista inconfundible: Sin perdón (1991), Un mundo perfecto (1993), Mystic River (2003) o Million dollar baby (2004). Pero su carrera comenzó mucho antes como actor, en los años 60 con Sergio Leone, y después en los 70 con Don Siegel y el mítico personaje de Harry el sucio. En los 80 ya dirigió dos obras interesantes y muy personales como Bird (1987) y Cazador blanco, corazón negro (1989). En los 90 con Sin perdón lograría 4 Oscar y el comienzo de su mejor época.

Clint Eastwood. Tras las huellas de Harry es una biografía no lineal que sigue una estructuración por temas con la que Ángel Comas se atreve a diseccionar no sólo la forma, sino también el complejo contenido e ideolo­gía de las películas de Eastwood. Desde las acusaciones de fascismo de su personaje de Harry el sucio hasta los complejos conflictos morales de Mystic River o Million dollar baby, Comas muestra un perfil sugerente al que resulta complicado poner etiquetas. En este ejercicio es de agradecer que el autor haya dejado hablar al director, que es el que mejor explica sus interrogantes -muchas veces sin respuestas- ante problemas que sabe mostrar, involucrando por completo al espectador.

En lo que se refiere a los comentarios técnicos de sus películas, el autor es especialmente brillante al exponer quizás la mayor virtud de Eastwood: hacer sencillo lo complejo. En sus rodajes consigue economizar al máximo tiempo y dinero hasta llegar a rodar obras maestras como Million dollar baby en 38 días con un presupuesto bastante limitado (30 millones de dólares). Parte de este ahorro consiste en que él mismo es capaz de dirigir, producir, actuar, montar y componer la banda sonora de sus películas. En este sentido Eastwood es, como Chaplin, un artista tan completo como prácticamente incontestable.

El libro también ofrece una buena documentación sobre sus películas, detallando el coste y los beneficios reducidos de algunos de sus grandes títulos como Bird y Cazador blanco, corazón negro. También con estos datos Comas insiste en las intenciones artísticas de Eastwood. Parafraseando a uno de sus personajes más famosos, parece que el director norteamericano siempre ha tenido muy claro un lema: “No dejaré que ocho millones de comedores de palomitas me digan lo que debo hacer”.

En resumen, la biografía de Comas es un análisis bastante profundo de un director muy completo, que deja al lector opinar por sí mismo y que es lo suficientemente divulgativo como para llegar a un público amplio. Só­lo se me ocurre un reproche: en algunos capítulos -el dedicado a las películas con Don Siegel, por ejemplo- el personaje de Eastwood prácticamente desaparece y el libro pierde interés.

No hay comentarios