Jean-Pierre Melville

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· Melville aprendió cine a la americana, viendo cientos de películas; era tajante en sus gustos o desagrados: tenía una corta lista de directores que admiraba y otra, mucho más larga, de directores que detestaba.

Jean-Pierre MelvilleDecir Jean-Pierre Melville es sinónimo del buen cine policiaco francés, es recordar a Jean Gabin, Lino Ventura, Jean Paul Belmondo y Alain Delon; es El silencio de un hombre y Círculo rojo; también debería ser más que eso, como muestra el nuevo libro de la colección “Cineastas”. Un monográfico de Cátedra sobre Melville es un regalo para un cinéfilo. Doble en el caso presente cuando el autor es Carlos Aguilar, que ya tiene experiencia en esta colección, autor erudito que habla con voz propia, y con quien da gusto discrepar.

La colección “Cineastas” de la editorial Cátedra tiene un esquema fijo; dentro de esos límites Carlos Aguilar encuentra espacio para tratar a su director de forma personal. El capítulo introductorio es particularmente esclarecedor: Jean Pierre Melville siempre quiso ser cineasta, en una época en la que no se quería hacer cine, se llegaba a la realización cinematográfica por caminos diversos, pero no por vocación o formación. Melville aprendió cine a la americana, viendo cientos de películas; era tajante en sus gustos o desagrados: tenía una corta lista de directores que admiraba y otra, mucho más larga, de directores que detestaba. Le encantaba lo estadounidense, de hecho su nombre original era Jean Pierre Grumbach y adoptó el nombre Melville por su admiración al autor de Moby Dick. Melville combatió en la Segunda Guerra Mundial, tenía un carácter fuerte, decidido e insoportable. Su obra es reducida, tan solo 13 títulos realizados entre 1947 y 1972, pero es un recorrido importante, que supera el límite nominal de cine policiaco. Melville tiene sello propio en el cine francés, y la Nouvelle Vague lo consideró su precursor (título que él rechazó).

El resto del libro está dividido en cuatro capítulos o bloques, en los que desarrolla su carrera por orden cronológico: “Balbuceos, con carácter (1917-1954)”, “Afirmaciones, imprecisas (1955-1961)”, “Autoría, tajante (1962-1966)” y “Culminación y ocaso (1967-1973)”. Estos capítulos están salpicados de anécdotas, críticas certeras y erudición. Tiene, además, información de primera mano y opiniones, a veces excesivamente severas, sobre las películas de este director. Carlos Aguilar es entusiasta, pero no devoto de Melville.

Jean-Pierre Melville. Carlos Aguilar. Cátedra.
Madrid (2016). 232 páginas. 14,35 €

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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.