2001: Una odisea del espacio (1968) // Stanley Kubrick (parte II)

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· La producción se alargó durante tres largos años, además del año y medio que habían invertido en el guión.

Parte II: Escritura del guión y fase de producción

Al tándem ClarkeKubrick la elaboración del guión literario les llevó algo más de un año. Trabajaron codo con codo durante muchas horas al día. Clarke ha dejado por escrito el relato de aquellas sesiones agotadoras en las que el director le acosaba con preguntas, estrujando todas las posibilidades de cada escena. Muy avanzada la noche, era siempre el escritor británico el que sugería terminar la jornada de trabajo porque necesitaba reponer fuerzas.

El buen entendimiento entre ambos fue la clave de ese magnífico guión, pero ese entendimiento terminó tan pronto como se dio por finalizada la versión definitiva del guión. A partir de ese momento Kubrick siguió trabajando la historia por su cuenta, con nuevas dudas y modificaciones. Esto supuso un auténtico calvario para el novelista, pues Clarke se veía forzado a redactar su novela a remolque de cada nueva aportación del cineasta y, así, el alejamiento entre ambos aumentó progresivamente. La autorización sobre la novela fue la gota que colmó el vaso, pues se había acordado que ésta se publicaría antes de que se estrenase la película, pero Kubrick se guardó muy mucho de dar su visto bueno definitivo a un texto que seguía retocando, y cuando finalmente se puso a la venta, el filme 2001: Una odisea del espacio ya se había estrenado en varias ciudades, lo que terminó por enfrentar definitivamente a los que antaño habían trabajado tan unidos en la concepción de la historia.

Filmando el pasado

La película ya iba con retraso. La producción tenía que haber empezado a mediados de 1965, pero a esas alturas el director estaba aún trabajando el argumento con el novelista y aún le quedaba su posterior trabajo en solitario sobre el guión. Por fin, en diciembre de 1965 comenzó el trabajo con los actores.

Sin embargo, el retraso acumulado provocó aún mayores problemas. El decorado lunar con el monolito, que ya estaba construido en los estudios Shepperton de Londres, tuvo que ser demolido a causa de otra película que iniciaba en esos momentos su rodaje. Como consecuencia, el equipo se instaló una semana más tarde en los estudios Borehamwood (Herfordshire), cerca del domicilio familiar de Kubrick.

La producción se alargó durante tres largos años, además del año y medio que habían invertido en el guión. Y se dividió en tres partes: pleistoceno, siglo XXI y realización de los efectos especiales. Las dos primeras partes, supuestamente fáciles de rodar, se complicaron hasta lo indecible por numerosos problemas técnicos, que alargaron la filmación de enero a junio de 1966.

Mientras rodaba con actores y en estudio las escenas iniciales de la película (los albores de la humanidad y la aparición del monolito), envió una segunda unidad a Tanganika para filmar los exteriores de esas secuencias. Sin embargo Kubrick, presa de un enfermizo perfeccionismo que no le abandonaría hasta pasado el estreno, rechazó todo el material nada más visionarlo, y hubo que empezar prácticamente de cero el rodaje de esa secuencia. De hecho, las escenas con los primates se realizaron enteramente en estudio, sobre un fondo de 13 por 29 metros, que daba una extraordinaria calidad de imagen gracias a una revolucionaria técnica de proyección frontal.

En semejante escenario evolucionaban los “eslabones perdidos” de la humanidad. Para interpretarlos se contrató a bailarines y mimos, todos de brazos y piernas excepcionalmente largos, junto a dos auténticos bebés de chimpancés convenientemente maquillados. El acabado de esas secuencias iniciales fue ciertamente magnífico y esperanzador. Pero, a partir de ahí, comenzaron los problemas.

Producción atascada

En cuanto inició la filmación del siglo XXI, la película se empantanó: los actores se sentían naufragar en las muy escuetas y a veces contradictorias indicaciones del director. El sentido último de las escenas que interpretaban se les escapaba por completo. Y, además, su labor se veía a menudo dificultada por los complicados decorados en los que se movían.

Así, para el interior de la estación orbital se diseñó una gran estructura curvilínea de 45 metros de longitud, con casi 13 metros de altura en cada extremo, y todo esto para tan sólo una decena de planos.

Más extravagante fue aún el interior de la nave “Discovery”, para cuyo escenario Kubrick encargó a la Vickers-Armstrong Engineering Group una centrifugadora real de doce metros de diámetro girando sobre un eje a unos 5 kilómetros por hora. Costó 300.000 dólares, y la construcción se prolongó durante seis meses. Pero además, como se trataba de un espacio reducido y móvil, no se podía introducir al equipo y hubo que instalar un circuito cerrado de televisión y dirigir a los actores desde el exterior a través de micrófonos ocultos en su ropa. Al mismo tiempo, un sistema de cámaras automatizadas simulaban el movimiento de los actores, cuando lo que en realidad se movía era el decorado en aquella gigantesca rueda. Así se rodó, entre otras, la secuencia de la azafata caminando por el techo, que fue un auténtico martirio para el equipo técnico por la facilidad con que se fundían los focos y por el esfuerzo que suponía reemplazar sus lámparas.

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