Ciudadano Kane (1941) // Orson Welles

· En esos 85 días, Orson Welles se sumergió en la película por completo. “Parecía que le iba la vida en ello”, recuerda el montador Robert Wise. Y es que no era para menos.

Parte III: Un rodaje accidentado

El inicio del rodaje de Ciudadano Kane tuvo que ser forzado por Welles a la vista del recelo con que los Estudios acogían su proyecto. Con la excusa de hacer unas pruebas fotográficas, el joven director comenzó a filmar escenas de la película según un cuidadoso plan previamente establecido.

El rodaje secreto

El primer día de esas “pruebas”, sábado 29 de junio de 1940, filmó la secuencia de la sala de proyección. En el presupuesto se contemplaba la construcción de un decorado, pero Welles utilizó una auténtica sala de proyección de la RKO. En una habitación mi­nús­cula (9 x 5 metros), sin apenas cabida para focos ni atrezzo, Toland rodó con unos niveles de luminosidad escasísimos: tan sólo con la luz que salía de la cabina de proyección y un pequeño flexo sobre la mesa. Los fuertes contraluces y el difuminado de algunos planos consiguieron el efecto de misterio que Welles deseaba para esa escena.

El segundo día de rodaje se filmó la primera visita de Thomson a la sala de fiestas de Susan Alexander. Como todavía no estaba el decorado, el equipo ocupó uno cualquiera de la RKO, con un fondo al estilo western que había sido construido para otro rodaje. Se añadió un retrato de Susan y un letrero luminoso, ya preparados, y allí filmó Toland el impresionante movimiento de cámara que abre la escena: ascensión sobre la fachada, paso de la cámara entre las letras luminosas e irrupción de aquella en el interior del café, tras atravesar la claraboya.

Aún hubo un tercer día de rodaje secreto. El lunes 1 de julio, cuando ya empezaban a circular rumores sobre lo que estaba pasando, Welles rodó el intento de suicidio de Susan: con un gran angular y amplísima profundidad de campo, que agiganta en primer término el vaso con barbitúricos y cucharilla, y que crea un violento contraste con Susan, postrada en cama en segundo plano, y con Kane y Leland forzando la puerta en el fondo del plano.

Cuando los jefes de la RKO quisieron darse cuenta, Welles llevaba ya varios días filmando, y no precisamente pruebas. Además, todos reconocían que era un material muy prometedor. Por eso, cuando al día siguiente salió el presupuesto rebajado del filme, la aprobación definitiva fue ya solo un mero trámite.

La genialidad de Welles como director

El rodaje se inició oficialmente unas semanas después: el 30 de julio de 1940. Y se terminó, también oficialmente, el 24 de octubre. En esos 85 días, Orson Welles se sumergió en la película por completo. “Parecía que le iba la vida en ello”, recuerda el montador Robert Wise. Y es que no era para menos.

Trabajaba 16, 18 horas diarias, y las más de las veces comenzaba a las cinco de la mañana. Cuatro horas tardaba el maquillador en envejecer a Orson para las escenas de su retiro en Xanadú. Apoltronado en un sillón de barbero, Welles pasaba aquellas horas de aparente inactividad ensayando con los actores las escenas que iban a filmar y consultando con Toland las posibilidades de mejorar la fotografía. Mientras tanto, el maquillador trabajaba: aparte de las orejas, las narices y las barbillas postizas de material plástico, que le aumentaban hasta diez décadas su aspecto físico (de los 25 años del Kane joven, al comienzo del filme, a los 75 del Kane viejo, cuando le abandona Susan), Welles tuvo que sufrir unas lentillas de contacto especialmente tratadas para envejecer los ojos. No veía muy bien con ellas, y hubo que contratar a un médico para que se las ajustase.

Sin embargo, disfrutaba con todo aquel calvario. Le ponía extrañamente feliz que lo maquillaran. Si hasta entonces se sentía acosado en Holly­wood, durante el rodaje se creció de una manera insospechada.

Porque Welles tenía un talento vitalizador, hechicero, que contagiaba a todos en el plató. Descubría lo mejor de cada uno y sabía cómo emplearlo en cada escena. Uno de los días en que dejó impresionado a todo el equipo fue aquel en que rodó la secuencia que sigue a la despedida de Su­san: cuando Kane, dominado por la ira, rompe todos los muebles de la habitación de su segunda mujer. Como no podía repetirla, preparó la filmación con cuatro cámaras. Y durante su interpretación se metió de tal manera en su personaje que todos en el estudio creían ver a un hombre realmente desesperado y hundido. Welles sentía únicamente el odio corriendo por sus venas; y solo al terminar se dió cuenta de que se había cortado en la muñeca y sangraba abundantemente. Hasta entonces no lo había notado.

Además del corte en la mano, el joven actor-director sufrió otro percance que alteró por completo los planes de rodaje. En la escena en que Kane, sorprendido en su nido de amor, corre tras el cacique Jim Gattys y le amenaza por las escaleras, Orson se cayó desde unos tres metros de altura. Las radiografías que le hicieron en el hospital revelaron que se había astillado un hueso del tobillo por dos sitios a la vez. Sin embargo, decidió seguir adelante. Desde la propia cama del hospital, y con ayuda de su socio John House­man y de la script Amalia Kent, trazó el nuevo calendario de filmación, ade­lantando aquellas secuencias en las que él no actuaba: las entrevistas del reportero con Bernstein, Susan y Leland. Sentado en silla de ruedas, con la pierna escayolada en alto, dirigió esas escenas con la misma pasión y entusiasmo que en los días precedentes. Cuan­do esas secuencias se terminaron, se puso unas abrazaderas a ambos lados del tobillo y volvió a actuar, sin importarle la necesaria rehabilitación previa ni la deformación que ya siempre acompañaría a su caminar.

Al fin, tras muchos días de trabajo ininterrumpido, terminó el rodaje a finales de octubre; y todo el material filmado entró en la fase de montaje y so­norización, que fue supervisada directamente por Welles. No en va­no, su experiencia en la radio le había convertido en un forofo del sonido y de sus potencialidades creativas.

A mediados de diciembre se tuvo una primera copia provisional. Y a fi­nales de enero de 1941 todo estaba listo para el estreno definitivo. Has­ta entonces, Welles había conseguido llevar con gran sigilo la crítica ácida de su película hacia William Randolph Hearst, el gran magnate de la prensa norteamericana. Pero un incidente imprevisto, pocas semanas antes del pa­se en Nueva York, hizo que el lanzamiento se convirtiera en una pesadilla para Welles, que ya nunca levantaría cabeza; y especialmente para Geor­ge Schaefer, que fue cesado como jefe de los Estudios RKO como consecuencia de todo ello. La historia de su escandaloso estreno no había hecho sino comenzar.

Ciudadano Kane (1941) // Orson Welles (parte I)

Ciudadano Kane (1941) // Orson Welles (parte II)

Ciudadano Kane (1941) // Orson Welles (parte IV)