Inicio Noticias Making Of El halcón maltés (1941) // John Huston (parte IV)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte IV)

· El halcón maltés terminó la fase de producción el 18 de julio de 1941, después de treinta y cuatro días de intenso rodaje, dos menos del calendario previsto.

Parte IV: Un rodaje complicado

En una entrevista con Gerald Pratley, Huston recordaba la emoción con que inició la filmación de la película: «Todavía me acuerdo de mi primer día de trabajo en el plató. Mientras fui guionista no solía acudir apenas a los rodajes, de manera que la técnica de dirigir fue algo que tuve que improvisar de repente, casi de forma instintiva (…). Sabía sin embargo exactamente lo que tenía que hacer. Hice bocetos de cada uno de los ángulos de cámara, desde la primera escena hasta el final. Le mostré esos dibujos a Willy Wyler y él me los criticó». Este director era un viejo amigo suyo con el que había colaborado largamente; Wyler había dirigido la primera película en la que Huston trabajó, A house divided (1931), y fue también el responsable de que la Warner le contratase como guionista para la superproducción Jezabel (1938).

En aquella entrevista continuaba Huston: «Henry Blanke me dio el mejor consejo que un joven director como yo debía seguir. Y ese consejo era que cada escena que fuera a rodar debía verla como la mejor escena de la película, la más importante». Como recuerdan los que participaron en la película, Blanke fue, en efecto, un estrecho colaborador de Huston, y le ayudó mucho en el aprendizaje de las técnicas cinematográficas antes de que el joven cineasta se familiarizase con ellas.

Comienzan los problemas

Sin embargo, todavía no llevaba una semana de filmación cuando empezaron a surgir los primeros desacuerdos con los directivos del estudio. En una nota remitida a Blanke, Hal Wallis escribe el 12 de junio de 1941: «El segundo día de rodaje de Huston ha sido mejor que el primero, pero lo veo todavía demasiado pausado en el manejo del tempo. Se nota sobre todo en la interpretación de Bogart, que resulta demasiado comedida y reflexiva; debería tener esa dureza que es usual en él, ese ‘staccato’ que le caracteriza (…). Toda la acción se me antoja demasiado lenta y parsimoniosa».

Este comentario es el resultado de una forma peculiar de dirigir que se hizo paradigmática en la Warner: un estilo dinámico, hecho de escenas fugaces y frases cortantes que casi se solapaban unas a otras. El «dogma» en el estilo de producción era ir tan rápido como fuera posible, sin mantener la toma una fracción de segundo más allá de lo imprescindible. Los guiones se recortaban al máximo, los actores interpretaban con viveza y los montadores dejaban fuera todo lo que sobrase. Así era entonces el estilo de dirigir en la Warner, que más tarde se haría famoso en obras de ritmo vertiginoso como Tener y no tener (1944) o El sueño eterno (1946).

Al memorándum de Wallis respondió Huston asustado, como tratando de defenderse: «Estoy reduciendo las pausas y acelerando la acción todo lo que puedo. Debes comprender que estoy rodando las escenas iniciales, que tienen un ritmo más lento. Justo después de la secuencia que acabamos de hacer -la del apartamento de Brigid– la historia empieza realmente a moverse. Cuando lleguemos a la secuencia de Cairo y Brigid en el apartamento de Spade, la trama se va a convertir en una montaña rusa (…). Créeme: mientras ruedo cada escena tengo toda la película en mi cabeza. Y esta película gana en velocidad a medida que avanza».

A pesar de estas declaraciones, el descontento de Wallis continuó en los días siguientes. Tan inquieto se sentía que decidió organizar una proyección -con la sola asistencia de los dos productores y el director de la cinta- para comparar el material que Huston estaba rodando para El halcón maltés con el que Anatole Litvak, otro director de la Warner, rodaba aquellos mismos días para Blues in the night (1941). La tensión que aquel día se traslucía en la sala de proyección, con un silencio de muerte, casi se podía cortar. Afortunadamente, Huston llegó a las escenas dinámicas y Wallis se convenció por fin de que la película había cobrado el ritmo deseado.

De aquel tormentoso rodaje no se libró ni siquiera la principal actriz, Mary Astor, pues no acertaba a dar credibilidad a un personaje como Brigid, que se pasa casi toda la película mintiendo. Después de darle muchas vueltas, decidió interpretar su papel respirando previamente con aceleración para enfatizar su carácter inestable: «Antes de empezar la mayoría de las escenas -recordaría años después- hacía profundas inspiraciones, y así conseguía un sentimiento de fuerza y seguridad, de convencimiento en las mentiras que decía».

Rodando a toda prisa

A pesar de todas las desavenencias, la producción avanzó con agilidad, y todo el equipo se maravillaba de lo rápido que conseguían la toma adecuada. Y es que Huston había trabajado tanto el guión y había ensayado tanto con los actores, que la mayoría de las veces salía la escena en la primera toma.

En un gesto de colaboración con su hijo, director primerizo, el actor Walter Huston trabajó gratis en la película haciendo un breve papel que no apareció en los créditos: interpreta al Capitán Jacobi, que llega tambaleante al despacho de Spade y le entrega el halcón negro justo antes de morir. Su aparición en la pantalla es tan fugaz que ni siquiera los espectadores de aquella época le reconocieron.

Finalmente, El halcón maltés terminó la fase de producción el 18 de julio de 1941, después de treinta y cuatro días de intenso rodaje, dos menos del calendario previsto. Se hizo un primer montaje y se proyectó a los directivos del estudio. A la vista del resultado, Jack L. Warner resolvió introducir dos cambios en la película. En primer lugar sugirió añadir una escena muy breve -que no aparece en la novela, ni en el guión, ni en ninguna de las dos versiones anteriores- en la que presenciamos el asesinato de Archer, el socio de Spade. Esta escena se rodó con la técnica de «cámara subjetiva», asumiendo la cámara el punto de vista del asesino. En segundo lugar decidió que habría un nuevo desenlace. El final que estaba previsto es el mismo que el de la novela: cuando Brigid se vuelve hacia el policía, en el apartamento de Sam, la acción pasa a la mañana siguiente en el despacho de Spade. Es un breve diálogo entre él y su secretaria: «Iva está aquí», dice ella. Spade mira hacia el infinito, asiente de forma imperceptible y dice: «Sí…». Parece estremecerse un segundo y después añade: «Bien, hazla pasar». Fundido a negro.

Como final alternativo, Jack Warner propuso rodar un añadido a la escena en el apartamento de Sam, incluyendo la famosa frase de Spade -«está hecho con el material con que se fabrican los sueños»-, que no aparecía en el libro de Hammett y que está tomado de La tempestad, de Shakespeare. En esa escena Brigid sale de la habitación junto al policía, pero ahora les vemos salir hacia el ascensor. Spade les sigue, y mientras Brigid desciende en el enrejado ascensor -acertado símbolo de la cárcel que le espera-, el detective la mira por última vez y empieza a bajar las escaleras. Fin de la película.

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte I)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte II)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte III)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte V)

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Alfonso Méndiz
Alfonso Méndizhttp://alfonsomendiz.blogspot.com.es/
Decano y Profesor de Publicidad y Cine en la @ComUIC

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