Inicio Noticias Making Of El halcón maltés (1941) // John Huston (parte V)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte V)

· El halcón maltés se convirtió en el referente de una ingente cantidad de películas que en los años siguientes darían vida al denominado “cine negro”.

Parte V: Postproducción y lanzamiento de la cinta

La nueva revisión con las sugerencias de Jack Warner, terminada ya a principios de agosto, eliminaba un posible escollo: la sugerencia de un próximo affair de Sam con la mujer de su socio. Además, contribuía a suavizar el carácter amoral y arisco de Spade. Con el nuevo desenlace, los espectadores pueden deducir fácilmente que, no obstante las apariencias y su tono corrupto, Spade siempre estuvo representando un papel con el objeto de resolver el crimen.

Cambios de última hora

Cuando ya estaba a punto de ser distribuida, Warner introdujo una nueva modificación. Decidió incluir un breve texto -a modo de prólogo, nada más terminar los créditos iniciales- que establece el pasado histórico del halcón. Hammett lo cuenta al lector de su novela bien avanzada la trama, en una larga conversación entre Casper Gutman (Sidney Greenstreet) y Sam Spade, pero en la película se sitúa al principio para favorecer que la audiencia pueda situar el contexto narrativo con facilidad. La historia del halcón partía de un hecho verídico: el acuerdo entre Carlos V y la Orden de los Caballeros de Malta, fechado en 1530, por el cual el rey de España alquilaba la isla de Malta a esa Orden a cambio de un tributo anual de un simple halcón. El resto de la historia, con el halcón de oro saltando de mano en mano a lo largo de los siglos, parece haber salido enteramente de la imaginación del novelista.

Con el montaje definitivo de la cinta, en la primera semana de agosto Wallis y Blanke asignaron la composición de su banda sonora a Adolph Deutsch, un veterano de la Warner que había trabajado en películas de tono muy parecido. Deutsch creó una música sutil, alejada de toda altisonancia, que sugería ese ambiente de misterio que empapa toda la trama. Por aquel entonces el estilo musical de la Warner era el de bandas sonoras muy densas, con fuertes incursiones del metal y con los instrumentos de cuerda surgiendo lentamente desde el fondo. Adolph, sin embargo, prefirió una composición mucho más discreta, que evitaba por completo el leit motiv obvio y redundante (característico entonces por la fuerte influencia wagneriana), y que definía ambientes y situaciones apoyándose en los instrumentos de viento.

El día 5 de septiembre de 1941 se realizó el primer pase previo de la cinta con público asistente. La mayoría de las encuestas que recogieron al término de la proyección mostraban un notable entusiasmo, pero señalaban que la primera escena -la llegada de Brigid al despacho de Spade– resultaba demasiado confusa en los diálogos. A la mañana siguiente, Jack Warner enviaba la siguiente nota a Wallis: “Anoche, después del pase previo, estuve pensando cerca de una hora sobre cómo resolver el principio de la película. Y creo sinceramente que debemos volver a rodar los primeros planos de Mary Astor, en la secuencia del despacho de Spade, para contar a la audiencia de qué demonios va la trama, en vez de esa confusa concatenación de frases sueltas”.

Tras comprobar que una segunda audiencia señalaba esa misma confusión inicial, el 10 de septiembre Bogart fue apartado un día de su actual rodaje (All through the night, 1942) y, junto a Mary Astor y Jerome Cowan (el actor que encarna a Archer), volvió a rodar la escena inicial de la película en el stage nº 6 de la Warner. El discurso de Brigid acerca de su hermana y Floyd Thursby fue reescrito y simplificado por el propio Huston. El nuevo director de fotografía Ernest HallerArthur Edeson estaba ya en otro nuevo rodaje- filmó la escena por completo en siete ángulos de cámara diferentes. A las cuatro de la tarde terminaron de rodar la nueva escena.

Gran éxito de taquilla

A mediados de octubre de 1941, este modesto filme que había costado sólo 381.000 dólares (cien mil menos de lo habitual) se estrenó en los cines de Nueva York, donde alcanzó unas críticas fabulosas y una recaudación de taquilla muy por encima de las previsiones. Con ese impulso, la película inició su carrera en las salas de exhibición de todo Estados Unidos con un plan de marketing mucho más generoso de lo que se había previsto, y en todas partes fue acogido con idéntico entusiasmo.

Como premio inesperado, la cinta de Huston cosechó tres nominaciones a los Oscar de ese año: mejor película, mejor guión adaptado y mejor actor secundario para Sidney Greenstreet. Era un año de grandes producciones (Ciudadano Kane, El difunto protesta, Qué verde era mi valle), por lo que esos reconocimientos supieron a gloria. Y así, aunque en la entrega de los galardones que tuvo lugar el 26 de febrero de 1942 el filme no se hiciera con ninguna estatuilla, Huston se sentía plenamente recompensado: para una película de pretensiones tan modestas, tres nominaciones de la Academia era mucho más que un Oscar.

Su mejor reconocimiento vendría después. El halcón maltés se convirtió en el referente de una ingente cantidad de películas que en los años siguientes darían vida al denominado “cine negro”, que se abasteció de las novelas de Hammett, Raymond Chandler y James Cain, y del que esta cinta es su indiscutible epígono cinematográfico.

Ciertamente se trata de una película muy lograda. El conjunto de las interpretaciones genera el ambiente sombrío y pesimista que Hammett había perfilado en la novela, y todo ello se ve enfatizado por diálogos ácidos, a ratos violentos, que nos muestran a unos personajes marcados por su pasado y absolutamente escépticos con respecto al futuro. Personajes que se mueven como pez en el agua por escenarios sombríos, en los que la oscuridad aparece enfatizada con la técnica de la iluminación desde abajo. Y personajes que viven en la noche, una noche densa, cargada de fatalismo, en la que todo puede pasar. Escasos pero precisos movimientos de cámara, composiciones expresionistas y ángulos de filmación sofocantes transmiten al espectador la tensión que los protagonistas están viviendo a causa del enigma del misterioso halcón negro. La resolución del enigma es, a su vez, el descubrimiento de una gran mentira y la constatación de una absoluta desesperanza en los resortes morales del género humano. Así es como Sam Spade, el escéptico detective, descubre que -al igual que el cine- el mítico halcón está hecho del material con el que se forjan los sueños. 

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte I)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte II)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte III)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte IV)

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Alfonso Méndiz
Alfonso Méndizhttp://alfonsomendiz.blogspot.com.es/
Decano y Profesor de Publicidad y Cine en la @ComUIC

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