· Se supone que el personaje de Waldo está basado en Alexander Woolcott, un periodista americano muy conocido en los años veinte y treinta.

Parte II: Escritura de la novela

Con esos elementos, Caspary escribió una primera versión del texto teatral en la que aparecían sus rasgos característicos de narradora: una mujer profesional, en lucha con el entorno, involucrada en una historia de independencia y amor. Para mayor abundamiento, hay mucho del personaje de Laura que ha sido extraído de su propia biografía, como el trabajo en una agencia de publicidad, antes de darse a conocer como actriz. Sin embargo, la primera versión que escribe no le satisface en absoluto. La trama funcionaba más o menos bien en líneas generales, y eran mínimamente aceptables los actos I y II, pero la resolución del acto III dejaba muchos cabos sin atar. No servía. Y el manuscrito volvió a ser de nuevo archivado, esta vez por mucho tiempo.

El cínico Waldo

La clave de ese desajuste estaba en el personaje de Waldo Lydecker, el periodista y crítico de sociedad que aún no aparecía en la obra de Caspary. Quien haya leído la novela o haya visto la película sabe lo decisivo que es, en la trama, este personaje secundario, cuyo peculiar carácter llena de viveza y todas las situaciones hasta convertirse en el motor de la historia. Cuan­do, pasado más de un año, la novelista se trasladó a Hollywood, repen­tinamente descubrió al personaje de Waldo. Así lo contaba en una entrevista: «No sé cuándo ni cómo lo descubrí, pienso que creció en mi cabeza tras conocer a varios periodistas y críticos teatrales que revoloteaban por los estudios cinematográficos. Y un día descubrí que ese debía ser el verdadero asesino: un hombre que se lleva por delante a la mujer que no ha podido conquistar». Una vez más, la heroína que sufre en una situación social adversa.

Algunos críticos han supuesto que el personaje de Waldo Lydecker está basado en Alexander Woollcott, un periodista americano muy conocido en los años veinte y treinta (falleció en 1943, al poco de publicarse la novela), que se hizo famoso por sus artículos mordaces, llenos de agudeza e ingenio, publicados durante años en la revista The New Yorker y en una columna de The New York Times. Caspary ha negado esta hipótesis, pero lo cierto es que -como reconoció en una entrevista años más tarde- en la casa alquilada donde vivió durante los años de Holly­wood, los propietarios del inmueble guardaban la colección completa de las obras de Woollcott, y ella solía leerlas con frecuencia. De hecho, el estilo de su personaje es claramente deudor del periodista de carne y hueso. Por otra parte, Woollcott era miembro de la Algonquin Round Table, asociación de intelectuales y escritores de la que llegó a ser Presidente. Y es precisamente en la sede de esa asociación donde Caspary sitúa el primer encuentro entre Waldo y Laura.

En la construcción de ese personaje la novelista reconoció su deuda con Ellis St. Joseph, escritor amigo suyo que le ayudó en el borrador definitivo de la obra: «Hablé mucho del personaje de Waldo con mi amigo Ellis, quien se quedó tan fascinado por él que pasó noches discutiendo conmigo la biografía y las costumbres de este hombre tan peculiar». Ellis ha confirmado que ella tenía en mente a Woollcott cuando hablaban de ese personaje y ha aportado un dato más: «Vera no estaba muy segura de cómo presentar la secuencia narrativa de los hechos, entonces le sugerí que se leyera La piedra lunar, de Collins, y que usara una técnica parecida».

Imitando a Wilkie Collins

La piedra lunar (1868), considerada por algunos críticos como la primera novela de detectives, narra el robo de un ficticio diamante conocido como «piedra lunar», y ese relato se nos cuenta a partir de diferentes personajes que son, en cada fase de la investigación, los más idóneos para aportar información. Siguiendo este modelo, en la novela de Caspary -y en el primer guion de la futura película- los hechos son narrados en primera persona por aquel personaje que más directamente se ve afectado por la historia: el primer narrador es Waldo, después Mark McPherson (el detective) y finalmente Laura.

Con estas aportaciones, el manuscrito quedó terminado a mediados de 1942. Monica McCall, agente literario de Caspary, negoció rápidamente un contrato editorial, pero antes, como era habitual en la época, consiguió una primera publicación serializada en la revista Collier, donde cosechó un gran éxito durante los meses de octubre y noviembre. En aquella época su título era todavía Ring twice for Laura. A la vista de tan buen precedente, la editorial Mifflin decidió hacer una promoción especial de esta novela, que encontró muy buena acogida en el público y llegó a estar entre los libros más vendidos del primer trimestre de 1943.

Laura (1944) // Otto Preminger (parte I)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte III)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte IV)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte V)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte VI)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte VII)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte VIII)

Laura (1944) // Otto Preminger (parte IX)