Confesiones de una mente peligrosa

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confesiones de una mente peligrosa

Dirección:George Clooney Guión:Charlie Kaufman, basado en el libro homónimo de Chuck Barris Fotografía:N. Thomas Sigel Montaje:Stephen Mirrione Música:Alex Wurman Intérpretes:Sam Rockwell, Drew Barrymore, Julia Roberts, George Clooney, Rutger Hauer Distribuidora:Buena Vista

EE.UU., 2004. Estreno en España: 25.06.2004

El american dream de Clooney

Contar con Steven Soderbergh co­mo productor y con Charlie Kauf­man como guionista para tu primera película como director entraría dentro de la normalidad si fueras George Clooney. De este modo, Confesiones de una mente peligrosa es el debut en la dirección de Clooney envuelto en papel de regalo, quien atraído por la biografía de Chuck Barris decidió po­ner a prueba su creatividad detrás de la cámara.

La vida del emprendedor Chuck Barris, un productor televisivo de los años sesenta y setenta americanos que afirma haber matado a decenas de personas en nombre de la CIA y del gobierno de los Estados Unidos durante la Guerra Fría, le sirve a Kaufman para crear una historia de dualidades que Cloo­ney transforma en una película de multiplicidad formal. El personaje interpretado por un desbordante Sam Rockwell (Los ángeles de Char­lie, Celebrity) tiene mucho que ver con los personajes inseguros y desorientados de John Malkovich y Adapta­tion (ambas dirigidas por Spike Jonze con guión de Kaufman), donde el talento, ya sea en la creación de programas de televisión, títeres o guiones, es rápidamente sustituido por la voluntad de triunfar.

Clooney muestra el american dream de un hombre conjugando momentos, situaciones y puesta en escena enfrentadas y, a veces, con poca lógica. Demasiadas ideas flotan en el trasfondo político y social de la Guerra Fría, el movimiento hippie o el nacimiento de una nueva televisión que Clooney representa con diferencias cromáticas, contrapicados, primeros planos y la excesiva utilización de grúas para conseguir la unión entre la metáfora y la poética de la imagen. Fruto del sin­fín de posibilidades que la historia ofrece y que Cloo­ney no quiere desaprovechar (comedia ro­mán­tica, drama o film noir), comete el error de no abandonar nada, haciendo que ni la his­­toria ni su estilo acaben de estar definidos.

Confesiones de una mente peligrosa se transforma en una película fragmentaria, donde las secuencias en las que aparecen Drew Ba­rry­more (con una muy buena interpretación que aporta aire fresco), Julia Roberts (a lo femme fatale) o la recreación de The Gong Show se escapan de la unidad del conjunto.

De algún modo, Confesiones de una mente peligrosa supone una crítica a las dualidades políticas y al cinismo social contemporáneo, extrapolando el comportamiento del  propio personaje de Chuck (que lucha entre la realidad y la ficción) y desde la deformación grotesca de la realidad a través de la telebasura. Una apuesta que nace de una idea atractiva, pero que la falta de coherencia de la película provoca la decepción y en algún momento el aburrimiento.