Cuenta atrás

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Buen thriller francés, con acción, suspense y actores muy solventes. ***

À bout portant, 2010 País: Francia Dirección: Fred Cavayé Guión: F. Cavayé, Guillaume Lemans Fotografía: Alain Duplantier  Montaje: Benjamin Weil Música: Klaus Badelt Intérpretes: Gilles Lellouche, Elena Anaya, Roschdy Zem, Gérard Lanvin, Mireille Perrier, Claire Pérot 84 m. +16 años (violencia) Distribuidora: A Contracorriente  Estreno: 17.2.2012

Adrenalina

Cuenta atrás confirma que Fred Cavayé, un joven director francés, maneja con habili­dad las convenciones y códigos que caracte­rizan el buen thriller. El director debutó en 2008 con otro thriller, Cruzando el límite (Pour elle), que recientemente sirvió de ba­se para el remake titulado Los próximos tres días, que Paul Haggis realizó con Ru­ssell Crowe y Elizabeth Banks como prota­gonistas.

Cavayé se siente muy cómodo en este terre­no y nos presenta un filme cargado de acción y suspense que no deja respirar al es­pectador, al que mantiene clavado en la bu­taca y sufriendo por el protagonista en to­do momento. El director declaró que su in­tención era “hacer una película lúdica, pro­porcionar placer al espectador a medida que va siguiendo las peripecias de los diferen­tes personajes”, y que “el espectador se sien­te en la butaca como si estuviera en una montaña rusa”.

La premisa es similar a la de su primer trabajo: un hombre corriente ve cómo su vi­da cambia radicalmente al verse involucrado involuntariamente en una trama de corrup­ción. Samuel (Gilles Lellouche) es un hom­bre corriente que vive feliz con Nadia (Ele­na Anaya). Esperan su primer hijo. Él tra­baja en un hospital. En la unidad de cuida­dos intensivos ingresa un mercenario que es­tá bajo vigilancia policial.

Con un montaje frenético y vivo ritmo, ele­mentos infrecuentes en el cine del país ve­cino, Cavayé crea puro cine de acción y, sin disponer de los macropresupuestos de Ho­llywood, nos muestra a nuestro protagonis­ta huyendo a pie por un entresijo de calles, autopistas y metros, contribuyendo a crear una atmósfera diferente, original y os­cura de París. Destaca el buen trabajo de fo­tografía con el que construye una imagen claus­trofóbica de la ciudad, huyendo de la tí­pica postal parisina con sus edificios monu­mentales y emblemáticos.

La trama, bien edificada sobre sorpresas y giros, no se adentra en las relaciones psico­lógicas y emocionales de los propios perso­najes -de­saprovecha una oportu­nidad de ex­plorar las relaciones entre dos per­sonajes tan distintos como son el protago­nista y el mer­cenario- sino que se sostiene sobre la acción, llegando incluso a generar situaciones un tanto inverosímiles. En de­finitiva, pu­ro género, tensión y suspense que, en 84 mi­nutos de ritmo trepidante, pro­voca que una vida apacible pronto se con­vierta en una olla a presión. Es aquí don­de la calidad de las interpretaciones, así co­mo la brillante dirección de actores, se de­ja notar más allá de las sorpresas de la his­toria.

Destaca la soberbia actuación de Gilles Lellouche (Pequeñas mentiras sin importan­cia, No se lo digas a nadie), que se mantie­ne firme y convincente, capaz de empati­zar con el espectador y hacernos creíble su infierno. El reparto lo completan un fasci­nante Roschdy Zem, que construye un per­sonaje enigmático e indestructible, y Gérard Lanvin, el corrupto jefe de policía ca­paz de cualquier fechoría. Y desde luego no podemos olvidarnos de una Elena Ana­ya que, sobrada de recursos, compone un per­sonaje intenso. La nueva musa de Almo­dó­var comienza a consolidar su carrera más allá de nuestras fronteras.

En resumen, una película que entretiene, lle­na de sorpresas y que se disfruta sin tiem­po para pensar en los posibles agujeros dra­máticos del guión. Cautivó en Francia y reu­nió a más de un millón de espectadores.

Lilián González


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