Jueves, Agosto 24, 2017
Día de patriotas

Día de patriotas

Nada se anticipa. Los movimientos de cámara son espontáneos. Buena parte de la naturalidad se debe a un reparto de grandes actores

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Día de patriotas

· La tensión va in crescendo con­forme avanza esta sutil composición, acompañada de una música subjeti­va, casi como un acúfeno que pre­sagia lo peor.

Sinfonía de una tragedia

Peter Berg compone con virtuosismo una auténtica sinfonía audiovisual en tri­buto a la ciudad de Boston, golpea­da por el terrible atentado terrorista de la ma­ratón del 15 de abril de 2013, donde tres personas perdieron la vida y casi tres­cientas resultaron heridas.

Con estilo documental y un ritmo muy medido, el director, productor y ac­tor neoyorquino va convocando en el pri­mer movimiento a cada protagonista co­mo si fuera un instrumento. Los vemos despertarse, desayunar, llevar a sus hi­jos a la escuela, besar a su cónyuge y discutir con él, trabajar en el evento de­portivo.

Están todos, también los dos hermanos terroristas, con sus vidas comunes y sus intereses prosaicos en medio de los preparativos de los explosivos. También ellos tienen mujer e hijos y una re­lación fraterna, que lejos de justificar su actitud la torna más inquietante e incomprensible: ¿cómo un ser humano pue­de perpetrar algo tan siniestro?

Día de patriotas
Día de patriotas (Patriots Day, 2016)

Nada se anticipa ni se fuerza. Los mo­vimientos de cámara son espontáneos, aparentemente improvisados. Bue­na parte de la naturalidad se debe a un reparto de grandes actores, entre los que sobresale, como violín primero, Mark Wahlberg (sargento Saunders, del departamento de Policía de Boston), al que acompañan en su interpretación co­ral Kevin Bacon, John Goodman o J.K. Simmons, entre otros.  Es la terce­ra vez que Wahlberg trabaja con este di­rector en un hecho reciente de la histo­ria de los Estados Unidos, antes fueron El único superviviente (Lone Sur­vivor, 2013) y Marea negra (Deepwater Horizon, 2016).

El segundo movimiento se centra en el desarrollo de la maratón, en medio de un gran dispositivo de seguridad, y el traslado de los terroristas al lugar del aten­tado. La tensión va in crescendo con­forme avanza esta sutil composición, acompañada de una música subjeti­va, casi como un acúfeno que pre­sagia lo peor. Los planos se superponen a más velocidad, la cámara se vuelve casi errática.

El tercer y el cuarto movimiento de Día de patriotas los pue­den suponer, no se trata de revelarlo todo. Lo interesante no es lo que se cuen­ta, hechos conocidos por todos -en es­te sentido no hay una gran profundidad narrativa-, sino la pericia con que se expone, que no es meramente técni­ca. Hay alma en este filme, una gran hu­manidad que sobrevuela en el mensa­je del triunfo del amor sobre el odio y que no resulta cursi. Algunas escenas, co­mo la del interrogatorio a la esposa del terrorista, son una urdimbre de deli­ca­deza y dureza sublime.

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Periodista. Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla

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