El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

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El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

Andrew Dominick sorprendió en el Festival de Venecia con esta película en clave de western crepuscular que ahonda en el conflicto psicológico del bandido Jesse James -un magistral Brad Pitt- y su asesino.

Dirección y guión: Andrew Dominik Fotografía: Roger Deakins Montaje: Dylan Tichenor, Curtiss Clayton Música: Nick Cave, Warren Ellis Intérpretes: Brad Pitt, Casey Affleck, Sam Shepard, Mary-Louise Parker, Paul Schneider Duración: 160 min. Público adecuado: +18 años (V) Distribuidora: Warner

EE.UU., 2007. Estreno en España: 31.10.2007

Pinturas negras

El larguísimo título de esta película no deja lugar a dudas sobre el argumento. Desde el principio sabemos que a Jesse James, un bandolero que después de participar en la Guerra de Sece­sión se dedica a robar y asaltar, lo va a matar un miembro de su banda, el cobarde Robert Ford, un joven absolutamente deslumbrado por la personalidad del líder. Basándose en la novela homónima de Ron Hansen que explora el conflicto dramático de Jesse James, un héroe maldito con una vida rodeada de leyenda, y las relaciones con los miembros de su banda, Andrew Dominik escribe y dirige un poderoso filme en el que se adivinan las influencias del cine de Terrence Malick, el tono de western crepuscular de Eastwood y el realismo negro y desencantado -con no pocas dosis de barbarie- de las novelas de Cor­mac McCarthy, en especial su “Trilogía de la frontera”.

Es difícil levantar una película en la que conocemos el final, máxime si dura 160 minutos (afortunadamente se recortó la primera versión… que duraba 4 horas). Este recorte no fue la única modificación de una cinta que ha sufrido un complicado proceso de producción (pilotada por Brad Pitt y los hermanos Scott, Ridley y Tony) y una carrera de obstáculos para convencer a la crítica especializada, que no vio con buenos ojos los primeros pases, realizados en otoño de 2006. Esto llevó a retrasar el estreno casi un año y a presentar la película en el Festival de Venecia. La acogida fue estupenda y el Jurado, de pa­so, premió la magistral interpretación de Brad Pitt con la Copa Volpi.

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford vuelve a confirmar una de las grandes premisas del arte cinematográfico: si tienes una buena historia que contar, la manera de contarla es secundaria. Viene esto a cuento porque la película tiene indudables errores, casi todos de forma -quizás porque Dominik no deja de ser un realizador casi novato-, pe­ro tiene un trabajado guión que remite a las grandes obras maestras del cine y de la literatura. Hay algo -mucho- de creación literaria en los diálogos, en el modo de impulsar la acción, en el extraordinario clímax final, en la forma en que la voz en off envuelve una opresiva, seca e indigesta atmósfera donde se cuecen grandes dramas de la existencia humana (desde el deslumbramiento hasta la decepción, la rabia, la sospecha, la banalidad del mal, el conflicto de lealtades o lo aleatorio de la fama y de la suerte). Pero especialmente se nota este trabajo de escritura en la construcción de los personajes. Es sorprendente -porque no suele encontrarse en el cine actual- el elaborado dibujo de cada uno de los miembros de la banda. No sólo los protagonistas, aunque en el caso de éstos esta profundización psicológica, con infinidad de matices -magistralmente adaptados tanto por Brad Pitt como por Casey Affleck-, es aún más patente.

Ante estos logros, los defectos -que los tiene- se disculpan y, a ratos, pasan desapercibidos. Personalmente no me molesta la tan mencionada morosidad de la narración. La cinta es lenta, pero este ritmo pausado -al igual que la soberbia fotogra­fía y la ajustada banda sonora- ayuda a dar el tono desasosegante y el halo de tragedia griega que se mastica en la mente del espectador. Sí me sobran algunos recursos preciosistas y en ocasiones una realización excesivamente pegada a los actores (hay algunos primeros planos excelentes y otros que, a pesar de la magnífica interpretación, están pidiendo a gritos que se aleje la cámara).

En todo caso son delitos menores de una película excesivamente negra, sin apenas oxígeno ni forma de resaltar el claroscuro, pero con marchamo de clásico.