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El nacimiento de una nación

Jugando con el título de la obra maestra de Griffith, Turner nos muestra con crudeza una historia sobre la segregación racial en EE.UU.

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El nacimiento de una nación

· La clave de El nacimiento de una nación es la religiosa. Estamos ante una
película que documenta profusamente una especie de teología de la liberación negra.

De predicador a revolucionario

La película, ambientada en la Virginia de 1831, nos cuenta la historia real de Nat Turner, un hombre negro, esclavo y predicador, obligado a recomendar la sumisión a los esclavos rebeldes. A medida que va siendo testigo de diversas atrocidades, Turner comprende que está traicionando el Evangelio y tratará de liderar una rebelión contra los amos blancos.

En los últimos años han pasado por la pantalla muchas películas sobre la segregación racial en el siglo XX o sobre la esclavitud en torno a la Guerra de Secesión. Y algunas de ellas muy brillantes, como es el caso de Criadas y señoras, Figuras ocultas o Loving, en el primer caso, o 12 años de esclavitud en el segundo.

La que comentamos no tiene nada que ver con la homónima obra maestra de D. W. Griffith, excepto que significa exactamente lo contrario. Si aquella exaltaba a los blancos y denigraba a los negros, en el marco de la guerra civil americana, esta exalta a los esclavos negros frente a la monstruosa iniquidad de los blancos. En ambas se corre el riesgo de caer en el simplismo y el maniqueísmo. Al menos en la película escrita, dirigida y protagonizada por Nate Parker hay un personaje femenino blanco capaz de sentir en su corazón a los negros como semejantes. Pero, un solo personaje, ¿no es demasiado poco? Quiero pensar que en aquel tiempo había más familias como las que vemos en Lo que el viento se llevó, en las que los esclavos eran tratados como personas y no animales.

Dicho esto, hay que reconocer que la película es muy notable. Consigue dotar de vigor épico -casi bíblico- a su personaje, interpretado con mucho ego por Parker. Por otra parte, la fuerza y brutalidad de algunas escenas, lejos de evocarnos las ya vistas en tantas cintas, resultan de una novedad inquietante y dolorosa. Al éxito del filme también contribuye la interpretación de Aja Naomi King, en el papel de esposa del predicador.

Pero la clave de El nacimiento de una nación es la religiosa. Estamos ante una película que documenta profusamente una especie de teología de la liberación negra. Nuestro protagonista, sincero creyente, es obligado a predicar una interpretación interesada e ideológica de la Biblia. Cuando descubre la gravedad de ese error, cae en el contrario, y encuentra en las Escrituras justificación para una violencia brutal que, más que justicia, representa venganza. En ese sentido, la película, a través de los ojos de un muchacho anónimo y de un criado negro, sugiere lo inadecuado de una respuesta que convierte a las víctimas en verdugos. “No olvides que Dios es amor”, le recuerda el criado a Nat, a lo que responde: “También es un Dios de la ira”. Nuevo y Antiguo Testamento se enfrentan en una película en la que parece no existir una última palabra.

Reseña Panorama
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Profesor de Narrativa Audiovisual. Escritor