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El puente de los espías

De la mano de los Coen resurge Spielberg, que llevaba demasiados años haciendo cine anodino

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Tom Hanks y Scott Shepherd en El puente de los espías

· El reparto es excelente, Tom Hanks y Mark Rylance se lucen en unos diálogos en los que brilla el talento de los Coen.

Héroe por accidente

Steven Spielberg (Cincinatti, 1946) tiene películas que me gustan mucho, otras me gustan, otras poco, bas­tantes nada. A mi juicio, hay que remontarse a 1998 -hace 17 años que estrenó Salvar al soldado Ryan– para encontrar una película realmente valiosa.

Spielberg vuelve a ser grande con una historia so­bre la guerra fría y el espionaje mutuo entre las dos su­perpotencias, Estados Unidos y Rusia. El guion de los hermanos Coen y Matt Charman es inteligente por­que acierta con el tono que necesita una arriesgada sá­tira que cuenta un caso real.

James Donovan es un maduro abogado experto en li­tigios entre compañías aseguradoras. Casado y con hi­jos universitarios, está habituado a un trabajo inten­so y sin especiales sobresaltos y a una vida familiar apa­cible. Inesperadamente le proponen la defensa de un espía ruso, detenido en Nueva York.

Donovan es uno de esos héroes por accidente tan pro­pios del mejor Spielberg: un buen profesional ya ma­duro, que tiene que jugar un papel decisivo en un mun­do que no es el suyo, pero con las armas que conoce. El ritmo pausado de El puente de los espías, su afabilidad y sen­tido del humor, la manera de esquivar el planteamiento de buenos y malos es muy inteligente.

Cuando la historia se tensa en el tercer acto, te das cuen­ta de que realmente los dos anteriores eran mu­cho mejores de lo que parecían.

El reparto es excelente. Tom Hanks y Mark Rylance se lucen en unos diálogos en los que brilla el talento de los Coen, que cuando tienen la mano tonta escriben fa­bulosamente. El diseño de producción es, como siem­pre, excelente, aunque el ganador del Oscar Adam Stoch­hausen (El Gran Hotel Budapest) no hubiera trabajado antes con Spielberg. Es impresionante la re­crea­ción de la construcción del muro, un verdadero alar­de de uno de los productores y directores más pode­ro­sos de Hollywood, que realmente hace lo que quie­re.

Dos fijos de la alineación, Janusz Kaminski y Michael Kahn, en la foto y el montaje, logran que nos sin­tamos en casa. El que no estaba y ha vuelto es Spielberg, ese director lleno de talento que nos mantenía en el borde de la butaca durante dos horas. Ha vuel­to a hacerlo y es una alegría poder escribirlo.

Reseña Panorama
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual. Escritor