Amor es todo lo que necesitas

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La directora danesa Susanne Bier, ganadora del Oscar (“En un mundo mejor”)  y su guionista habitual Anders Thomas Jensen entregan una película de muchos kilates con una escritura modélica y grandes interpretaciones. ****

Dirección: Susanne Bier  Guión: Anders Thomas Jensen, S. Bier  Fotografía: Morten Søborg  Montaje: Pernille Bech Christensen, Morten Egholm  Música: Johan Söderqvist  Intérpretes: Pierce Brosnan, Tryne Dyrholm, Kim Bodnia, Paprika Steen, Sebastian Jessen  Distribuidora: Golem  Duración: 116 minutos  Público adecuado: Mayores de 18 años (X)

Dinamarca/Italia (Den skaldede frisør). 2012. Estreno: 21/12/2012.

Rara habilidad, talento evidente

Ha vuelto a hacerlo. Después de ganar un Oscar por la impecable En un mundo mejor, la danesa Susanne Bier ha vuelto a demostrar que es una de las grandes directoras -y me refiero a hombres y mujeres- actuales. Tiene una varita especial para convertir en carne de cine lo que toca. Disfruta de la rara habilidad de dibujar en la pantalla retazos de vida, de conmover al espectador, sin agredirle, brindándole momentos de una identificación y reconocimiento tan cercanos a la catarsis como alejados de todo artificio.

Con el material con el que unos ruedan Mamma mia -una boda a punto de celebrarse, una villa italiana con vistas al mar, un conflicto de identidad sexual y un romance otoñal- y otros hacen culebrones -un cáncer, unos cuernos y un par de enredos- ella entrega una gran película.

Bier trabaja nuevamente con su guionista habitual, Anders Thomas Jensen, para escribir unos diálogos redondos, unas réplicas brillantes, para plantear, desarrollar y cerrar con maestría situaciones muy difíciles de llevar a buen puerto (recordemos que la cinta está cosida con hilo de culebrón).

Para ello necesitaba personajes sólidos -protagonistas y secundarios- que tuviesen complejidad, vida, interés, credibilidad en sus conflictos. Y la tienen: los que vemos sufrir, sorprenderse, emocionarse, asustarse o demostrar su estupidez con pasmosa naturalidad, como si fuera fácil asomarse desde la butaca al alma humana, como si siempre se consiguiera, cuando cualquiera que vea cine con regularidad sabe que esto es más una excepción que una regla.

Con un guión así, cada actor se luce y Pierce Brosnan parece un candidato al Oscar, con un trabajo colosal. La interpretación de Tryne Dyrholm, que repite con Bier, merecería un monográfico de esta publicación. Su composición de una peluquera vitalista es formidable. Todos los actores están ajustados, medidos, equilibrados y creíbles.

El uso de la música es prodigioso porque te guía por el mundo interior de cada personaje, con sus anhelos, frustraciones, incoherencias, sentimientos nobles y menos nobles. Y todo, presagiado desde los hermosos y vivaces créditos con un título voluntariamente cursi y sensiblero escrito con arena dorada, en una metáfora socarrona y llena de intención.

Y por eso se le perdona a Susanne Bier que esta película no sea tan redonda como En un mundo mejor, o que la segunda parte acuse un cierto desgaste por acumulación de puntos de giro -alguno previsible- y resulte más floja que el arranque y la primera hora que son simplemente geniales.

Le perdono, aunque me cueste más, que haya momentos en que el argumento haga guiños descarados y convencionales a lo políticamente correcto. Se lo perdono porque, aunque hasta en este berenjenal, termina saliendo airosa (privilegios de un buen guión).

En los 116 minutos de metraje hay tanto buen cine que, incluso, soy capaz de perdonarle a Bier un título que, aún irónico e intencionado, puede hacer huir a más de uno…

Ana Sánchez de la Nieta

Web oficial de la película