Django desencadenado

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Django desencadenado

Lo nuevo de Tarantino es más de lo mismo, pero lo mismo -las películas precedentes Malditos bastardos y Kill Bill– estaba muy bien. ¿Talento estancado? Podría ser.

Dirección y Guión: Quentin Tarantino Fotografía: Robert Richardson Montaje: Fred Raskin Intérpretes: Jamie Foxx, Leonardo DiCaprio, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson, Kerry Washington, Walton Goggins, Dennis Christopher, Don Johnson, James Remar, James Russo, Franco Nero  Distribuidora: Sony  Duración: 165 minutos  Público adecuado: Mayores de 18 años (V+XD)

EE.UU. (Django unchained), 2012. Estreno en España: 18.1.2013

Tara y Tino

Tarantino vuelve a mostrar sus dotes como narrador y su poderío visual y su inmadurez como creador incapaz de evolucionar en una película a la que sobran muchos minutos, especialmente en el tramo final que se hace sencillamente tedioso. Según su praxis habitual, el director y guionista norteamericano se inspira en el cine precedente, en este caso, el spaghetti western, para alumbrar una historia en la que se dan cita todas sus constantes como realizador.

Le sigue pasando a Tarantino que se le va la cabeza, que tiene un ego descomunal, que la atención que se presta a sí mismo es verdaderamente patética (ese largo cameo es sencillamente ridículo, la manera de expandir las escenas dialogadas con unos ejercicios de recreación que en otro director darían grima) que su postura como escritor es la de un gamberrete instalado en una adolescencia perpetua de películas, canciones y tebeos… pero… Pero Tarantino tiene talento, mucho. Cuando entra en vena (en la primera hora de Django) es un prodigioso narrador que deja al espectador embelesado porque aprovecha la pantalla y el sonido grandes para dar un concierto memorable en el que las familias de instrumentos se lucen al ritmo que marca la batuta del realizador y guionista.

Ciertamente Django desencadenado tiene defectos, los habituales de Tarantino. El más grave es ese enfermizo sadismo audiovisual que no encuentra justificación (Tarantino se pone histérico cuando se le pregunta porque ya se sabe que, para algunos, la libertad termina cuando uno ya la ha usado…) convierte lo que podría ser una película para público amplio es un producto para público adulto y devoto. Después tenemos la tendencia inmoderada del director de Reservoir Dogs a poner cinco o seis finales en sus películas. Y su mitomanía sin freno y la recurrencia de un discurso pobre, elemental y circunscrito en un mundo que parece grande pero es muy pequeño.

¿Crecerá Tarantino, en todos los sentidos? Tengo serias dudas. Estoy seguro de que Tara y Tino hay para rato.

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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual. Escritor

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