Heidi

Nueva versión de esta historia escrita en el XIX que sorprende por su derroche de encanto, especialmente por parte de la pequeña Anuk Steffen y del inspirado Bruno Ganz

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Heidi

· Esta Heidi elimina casi  al completo –Rottenmeier era demasiado tentadora- el gran vicio del cine infantil: crear unos malvados de pacotilla y unos adultos estúpidos.

Esta vez de carne y hueso

Aunque sea superfluo, permítanme presentarles a Heidi. Se trata de una huerfanita a quien su tía Dete, para quitársela de encima, envía con su abuelo, un arisco y solitario cabrero que vive en las montañas suizas. Contra todo pronóstico la niña conquista el corazón del viejo y vive feliz en las montañas. Entonces su tía vuelve a aparecer, la arranca de sus montañas, cabras y abuelo y la envía a la ciudad, esta vez bajo el cuidado de la temible institutriz señorita Rottenmeier, para convertirla en una señorita educada, compañera de una inválida. Nuevamente el candor y optimismo de la niña conquistarán el corazón de todos y llevarán la historia a buen término.

Heidi es una de esas buenas historias del siglo XIX, simple, bien escrita, que superan a su autor -autora en este caso-, y ha conocido numerosas adaptaciones al cine, al teatro, a la televisión, en forma de tebeo, de musical… La más famosa, y que la resucitó a nivel mundial, vino de las manos del maestro Miyazaki y puso las bases del estudio Ghibli. De hecho, la estética de los nuevos Heidi, Pedro, Abuelo y Clara deben mucho a la imaginería de esta serie.

La nueva versión sorprende por un derroche de encanto, como era de esperar, que resulta poco almibarado, lo que resulta genial; muestra el contraste entre la ciudad y el campo, sin ecologismo barato ni maniqueísmo alguno; y, además, elimina casi  al completo –Rottenmeier era demasiado tentadora, aún así no carga demasiado la mano- el gran vicio del cine infantil: crear unos malvados de pacotilla y unos adultos estúpidos, principal defecto de la película Las aventuras del pequeño fantasma, del mismo Alain Gsponer. En esta Heidi las imágenes hablan solas merced a una fotografía preciosa, una ambientación cuidada y la arrebatadora sonrisa de la pequeña Anuk Steffen, a quien acompaña un siempre inspirado Bruno Ganz en el papel del abuelo.

Reseña Panorama
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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.