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Júlia ist

Elena Martín y su equipo logran una mirada íntima y reflexiva sobre lo que supone salir de la zona de confort

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Júlia ist

· La elección de un tema autobiográfico es muestra de in­teligencia, porque nada es más asequible y verosímil que lo vivido en primera persona.

La soledad del millennial

La directora novel Elena Martín se alimenta del humus de la experiencia personal para dirigir este drama in­timista sobre las vivencias de Júlia, una estudiante ca­talana de Arquitectura que se traslada con una beca Eras­mus a Berlín. Una joven sobradamente preparada, pro­tegida y querida por su familia y su novio de siempre, que no sabe lo que quiere ni lo que le deparará el fu­turo. Una millennial de libro, como ella.

El filme parte del proyecto fin de carrera de Elena Mar­tín (directora, co-guionista y actriz protagonista), Mar­ta Cruañas (productora y co-guionista), Pol Rebaque (director de fotografía y co-guionista) y María Castellví (co-guionista) en la Universidad Pompeu Fabra, y ha estado tutorizado por Gonzalo de Lucas y asesorado por los directores Mar Coll e Isaki Lacuesta. El equipo es­tuvo al frente de otro proyecto universitario, Las amigas de Ágata, aunque con Martín en el reparto, co­mo coprotagonista. En esta cinta se coloca a ambos la­dos de la cá­mara, por la dificultad del equipo para en­contrar una ac­triz que dominara el alemán, y cumple so­bradamente.

La elección de un tema autobiográfico es muestra de in­teligencia, porque nada es más asequible y verosímil que lo vivido en primera persona. La directora hizo su es­tancia de estudios en Berlín, sabe lo que es abrirse ca­mino en un lugar nuevo y conoce bien la ciudad y su es­pí­ritu anárquico. Nada más arriesgado, también, porque es fácil hacerse traición a uno mismo.

Júlia ist
Júlia ist (2017), de Elena Martín

Las estancias en el extranjero han sido argumento fíl­mico muchas veces, aunque desde una óptica epidérmi­ca desmadrada y gamberra. Partiendo de la premisa “no nos di­jeron que esto sería así”, Martín y su equipo lanzan una mirada íntima y reflexiva a lo que supone salir de la zona de confort. De hecho, el título en alemán Júlia ist -que sig­nifica Júlia es- evoca esa paulatina transformación que la protagonista experimenta según va enfrentándose a lo desconocido, aunque no con densidad metafísica, precisamente, sino más bien como proceso inacabado (in progress), hijo de su tiempo. Es interesante también con­templar el crecimiento desde la óptica femenina, en ese ir desprendiéndose de la necesidad de ser valorada, que­rida y deseada para enfrentarse, con sus aciertos y erro­res, a los retos de la vida.

Lo que Júlia va siendo en cada momento, el viaje in­te­rior que acompaña al exterior, se narra desde una óp­tica sub­jetiva -la memoria es caprichosa- que pasa de pun­ti­llas sobre hitos neurálgicos como la llegada o la mar­cha de la ciudad, transiciones que apenas se recuerdan pa­sa­do el tiempo, mientras da relieve a cuestiones aparen­te­men­te baladíes que quedan marcadas para siem­pre.

La fotografía y la planificación, minimalista y simple, co­herente en las tomas de las conversaciones por Skype, acom­pañan muy bien esta forma de contar, al igual que la música, compuesta por amigos de la directora. Las lo­calizaciones muestran a Berlín, ciudad llena de oportu­ni­dades, donde puedes perderte o encontrarte, y las interpretaciones son de una apabullante naturalidad.

Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla