Lunes, mayo 29, 2017
La alta sociedad

La alta sociedad

Dumont imita a Wes Anderson con esta farsa distorsionada que mezcla momentos geniales con otros insufribles

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La alta sociedad

· Los gestos, el habla, las situaciones, todos los personajes, todo es una cruel caricatura producto de una mente febril.

Caricatura a la francesa

Estamos en 1910, un año más la familia Van Peteghem va a pasar el verano en la Bahía Slack, cerca del canal de la Mancha, en la impresionante -y muy excéntrica- casa que se hizo construir el señor Van Peteghem. Ese verano la policía está preocupada porque diversos turistas han desaparecido y el inspector Machin vigila. Entre los investigados están los Van Peteghem y sus vecinos, una modesta familia de pescadores cuyo hijo mayor, llamado Ma Loute, se ha enamorado de Billie, la extraña hija de Aude Van Peteghem

Antes de seguir, conviene advertir que estamos ante una película diferente, una farsa, una comedia distorsionada por una lente especial que es la visión personal de Bruno Dumont (director, guionista, productor), que habla de su mundo en un lenguaje que se inspira en Wes Anderson, pero que también tiene mucho de humor local. En Francia se ha hablado de obra maestra, y también de insoportable horror.

La alta sociedad
Binoche, Bruni y Luchini protagonizan La alta sociedad, de Dumont

La alta sociedad (triunfadora en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, obteniendo el Giraldillo de Oro y el Premio a la mejor actriz) es un mundo pequeñito que Dumont pone bajo la lente del microscopio y todos los elementos se ven deformes y grotescos, detalle que él transmite con fidelidad: los gestos, el habla, las situaciones, todos los personajes, todo es una cruel caricatura producto de una mente febril, con admirables detalles de genialidad y otros simplemente detestables o insufribles. Un ejemplo, el inspector Machin y su ayudante parecen los célebres Hernández y Fernández de Tintín, cruzados con el Gordo y el Flaco, su manera de investigar es indescriptible; otro ejemplo, las voces y manierismos de los Van Peteghem primero hacen gracia, a la larga atacan los nervios, ¿por qué se caen todo el tiempo?

Dejémoslo en obra descriptiva, personal e inclasificable que, me temo, no conseguirá muchos entusiastas fuera del mundo francófono.

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Historiador y filólogo. Escritor

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