Martes, junio 27, 2017
La clase de esgrima

La clase de esgrima

Gran película del director finlandés Klaus Härö hecha en Estonia con hielo, madera, acero y alma

5166
1
Compartir
¿Has visto esta película? ¡Puntúala!
1: Pésima2: Pasable3: Entretenida4: Muy buena5: Obra maestra (5 votos. PUNTUACIÓN de usuarios: 3,60 sobre 5)
Loading...Loading...
portada
La clase de esgrima

· Una película que gustará a hombres y mujeres, a niños y abuelos, a padres y madres, a deportistas, a historiadores, a lectores, a gente. Una película para la gente en el sentido más noble del término.

Espacio y tiempo

1951. Endel Nelis llega en tren a Haapsalu, Estonia. Viene de Leningrado, donde fue campeón de esgrima. Papaíto Stalin ha decidido que a la URSS le sobran 100 millones de personas y se está aplicando para superar a Lenin en la purga paranoica.

Cuando un artista encuentra unos productores que entienden y asumen un proyecto razonable, es posible hacer un cine o una televisión adecuados a la potencial audiencia. Se puede hacer cine de época, audaz, sincero, honesto con un presupuesto asumible (1,6 millones de euros) y lograr que pasen por taquilla 40.000 estonios y 76.000 finlandeses. Y, luego, sacar la película al exterior, sabiendo que gustará a un público amplio y que interesará a espectadores con una buena cultura cinematográfica.

Es cuestión de talento, de sentido común y de mucho trabajo, de trabajo bien hecho que concede importancia a la suma de muchos pocos. La clase de esgrima (el título original es El Tirador) es la quinta película de Klaus Härö, finlandés de 45 años. Las precedentes son Cartas al Padre Jacob (2009), The New Man (2007), Mother of Mine (2005) y Elina (2002). Me permito señalar que entre 2009 y 2015 hay seis años.

El guion -es un primer guion de una mujer y vaya si se nota que es mujer: la película sería otra escrita por un hombre- tiene el acierto de obviar lo evidente, de no subrayar lo que resulta tan doloroso, que basta con apuntarlo como de pasada, de mirar las cosas y la vida con mirada femenina.

Primero ver, luego pensar. “Observar con exactitud y ser verdadero al reproducir la naturaleza”. Era el lema de, entre otros, Corot, un paisajista inolvidable. Härö hace un casting delicioso y dirige a los actores a la finlandesa: el calor va saliendo poco a poco.

La belleza del texto (es bellísimo en su sencillez, porque la ingenuidad es la rebelión definitiva frente a la perversión), la impecable fotografía y un etalonaje de campanillas hacen de la película un relato fascinante, en el que voluntariamente se renuncia al efectismo, a recursos fáciles de lucimiento autoral. Las localizaciones, el vestuario, el diseño de producción son excelentes. La música es muy inteligente.

¿El resultado? Una película preciosa, que te cuenta algo tremendamente interesante, con una delicadeza que emociona. Una película que los profesores de universidad y de escuelas de cine podemos usar como ejemplo asequible, viable: porque es una película que “pueden” hacer nuestros alumnos. Una película que gustará a hombres y mujeres, a niños y abuelos, a padres y madres, a deportistas, a historiadores, a lectores, a gente. Una película para la gente en el sentido más noble del término. Porque también hay que hacer películas para la gente.


Pongo esto debajo de la raya, porque es su sitio:

Siendo delicada, poética, honesta y equilibrada, La clase de esgrima tiene algo muy difícil de conseguir: no intelectualizar el discurso, dejar que el verso fluya en la mirada de Marta que sopla en el rescoldo del corazón de Nelis.

Es como Quevedo:

Salíme al campo; vi que el sol bebía
los arroyos del cielo desatado

El que domina el lenguaje cinematográfico percibe (puede percibir, si primero observa y luego piensa) algunas estrategias narrativas muy hermosas. Por ejemplo, las simetrías, las líneas horizontales de las espalderas del gimnasio, rayando, pautando la vida secuestrada, encarcelada. El contrapunto del florete que se alza para el noble desafío, vertical.

El hombre masa (el director de la escuela) se inquieta: el Sistema es horizontal y la esgrima es un deporte de ricos y elitistas.

El espacio del gimnasio excepcionalmente usado para expresar el concepto clave de la película (la esgrima es jugar con la distancia, manejar el espacio y el tiempo).

Y los bellísimos elementos de repetición: el tren, el florete, la insignia, la falda y los guantes de la maestra Kadri, el papel celo en la patilla de la gafa de la pequeña Tiiu, el ruido inicial del grupo sobre la madera.

Y Marta que se sale de la tarima. Marta sola, inmensamente menuda en la soledad silenciosa de los que saben ser libres, ajenos al martilleo tenaz de la propaganda. Marta, siempre Marta. Niña y madre, madre y niña. Siberia. Padres muertos y madres a doble turno. Infancias saqueadas.

Aunque el mundo se hunda a su alrededor. De pie, en guardia. Marta, siempre Marta.

Compartir
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual. Escritor

1 Comentario

Comments are closed.