La maldición del escorpión de jade

0
717

País: EE.UU. Dirección y Guión: Woody Allen Fotografía: Zhao Fei Montaje: Alisa Lepselter Dirección artística: Santo Loquasto  Intérpretes: Woody Allen, Helen Hunt, Dan Aykroyd, Elizabeth Berkley, Charlize Theron

Allen festivo y retro

NUEVA York, 1940. C. W. Briggs (el propio Allen) es un investigador de una compañía de seguros, un tipo ve­terano y baqueteado, con legendaria fama de eficiente, metódico, singular y mujeriego (¡¡??). Los planes reformadores de Betty Ann (Helen Hunt), la nueva y enérgica responsable de calidad de la compañía, vienen a trastocar la consolidada posición de Briggs. Pe­ro un misterioso robo…

Con la poderosa Dreamworks metida en el negocio, el me­tódico Allen repite comedia y no falla a la cita anual. Después de la buena acogida de Granujas de medio pelo, primera colaboración con la productora de Steven Spiel­berg, el director neoyorkino reitera su apuesta por un cine ligero y alocado, predominantemente lúdico y festivo. Se trata -así lo ha comentado el director- de tomar un punto de partida divertido y estirar la situación todo lo que diera de sí.

Allen, a sus 65 años, pisa un terreno que conoce bien (Balas sobre Brodway, Días de radio) y se le nota suelto, menos recurrente y pelma que otras veces. Tiene esta película más equilibrio que las dos anteriores (Gra­nujas… y Dulce y vil), que albergaban magníficos tramos pero resultaban irregulares en su conjunto. Allen vuelve a contar con Zhao Fei, responsable de la fotografía en películas de Yimou y Chaige, que borda su trabajo con el auxilio de un esmerado diseño de producción, habitual en el cine de época de Allen y propiciador de efectos humorísticos de atmósfera (una cabeza de alce disecado preside una conversación con el cuello girado hacia el escritorio donde se sientan los conversadores).

La frescura de Helen Hunt hace más llevadero el ya muy sabido -y a ratos cargante- personaje (de) Allen. Varios chistes de carcajada, situaciones de un divertido surrealismo, diálogos verborreicos, buen pulso narrativo y menos tics “ideológicos” de los habituales, llenan los excesivos 103 minutos de este elegante paseo de Woody Allen por la screwball comedy y las películas policíacas de ladrones de joyas, mujeres fatales y detectives privados.

Alberto Fijo