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Land of Mine (Bajo la arena)

Thriller que mantiene en vilo al espectador y le obliga a remover principios sustentados en dicotomías y maniqueísmos

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Land of Mine (Bajo la arena)

· Zandvliet quiere ofrecer una reflexión y una esperanza al continente, pero no lo hace de forma simplista.

En tierra más que hostil

Los seres humanos somos proclives a dividir entre blanco y negro, bueno y malo. La maquinaria de los conflictos bélicos funciona así: para que terminen ha de haber vencedores y vencidos. Y sin embargo, las guerras traen consigo dolor, víctimas e injusticia en ambos bandos. Todos pierden. Y la guerra nunca termina con la firma de la paz.

Es lo que le sugirió la lectura de un libro sobre un episodio poco conocido de la II Guerra Mundial al director danés Martin Zandvliet (Aplausos, A funny man). En 1945, tras la liberación de Dinamarca de la ocupación nazi, dos mil prisioneros alemanes de guerra fueron obligados a retirar las 2,2 millones de minas que Alemania había enterrado en la costa oeste para frenar una invasión británica. Muchos de esos prisioneros eran apenas adolescentes que desconocían el terror que Hitler y su ejército habían sembrado en Europa, pero el odio y la venganza cayeron sobre ellos sin piedad. Aún hoy, los daneses guardan desconfianza hacia sus vecinos del sur.

Con manos casi infantiles palpando centímetro a centímetro las playas danesas, aislados, malcomiendo y malviviendo, Zandvliet tenía mim­bres para contar un thriller, en la línea de En tierra hostil, que tuviera en vilo al espectador y le obligara a remover principios sustentados en dicotomías y maniqueísmos. Y los ha aprovechado muy bien, di­bujando en el guion de Land of Mine un personaje indeseable como el sargento Carl -encargado de comandar un pelotón de prisioneros, cuya crueldad golpea ya desde la primera secuencia-, y aplicándole un paulatino arco de trans­formación del odio y la venganza al perdón y la reconciliación que desarrolla con convicción el actor Roland Møller (R, Secuestro). Llama la atención también el nivel interpretativo individual y coral de los muchachos.

El cine europeo peca en ocasiones de trágico, oscuro, existencial hasta el nihilismo, relativista. La Vie­ja Europa arrastra muchos años y muchas heridas abiertas, y no po­cas veces vuelve sobre las que le infligieron las dolorosas guerras mundiales. Zandvliet quiere ofrecer una reflexión y una esperanza al continente, pero no lo hace de forma simplista. El filme es durísimo y no ahorra en escenas cruentas. Los bellos planos de las costas danesas no hacen sino destacar el patetismo de la letal realidad que esconden las ru­bias arenas a tan solo veinte centí­metros.

La European Film Academy, en su adelanto de los galardones técnicos, ha valorado el trabajo de Cami­lla Hjelm, al otorgarle el premio al Mejor Director de Fotografía. Land of Mine se ha llevado también el premio de Diseño de Vestuario para Ste­fanie Bieker y de Maquillaje y Peluquería para Barbara Kreuzer. Éxitos que se unen a otros y que justifican aún más la decisión de Dinamarca de que ésta fuera la película que representara a su país en los Oscar.

Dinamarca es un pequeño país en tamaño pero un gran productor ci­nematográfico. Lo fue en sus orígenes, supo renovarse y reaccionar ante la maquinaria del Hollywood de los noventa y, cuando la origina­li­dad del movimiento Dogma termi­nó por imponerse con criterios comerciales perdiendo su sentido original, renacer aprovechando lo mejor de su tradición, con un estilo natural, sin artificios, y un realismo interpretativo y narrativo que conectan con el espectador y llegan a conmoverle hasta los tuétanos. Larga vida al cine danés.

Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla