Luna de Avellaneda

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luna de avellaneda

Dirección: Juan J. Campanella Guión: J. J. Campanella, J. P. Domenech, F. Castets Fotografía: Daniel Shulman Montaje: Camilo Antolini Música: Ángel Illarramendi Intérpretes: Ricardo Darín, Eduardo Blanco, Mercedes Morán, Valeria Bertuccelli, Silvia Kutika, José Luis López Vázquez Distribuidora: Alta

Argentina, 2004. Estreno en España: 05.11.2004

Nostalgias y heridas

Se esperaba con interés la nueva película del director de El hijo de la novia, una película muy popular que trajo a las pantallas europeas una apreciable pe­lícula anterior, el mismo amor, la misma lluvia. Lu­na de Avellaneda se parece más a este último filme, y cuenta la historia de un emble­má­tico club de barrio fundado por un emigrante español que vivió en el pasado una épo­ca de es­plendor, y que en la actualidad se encuentra inmerso en una crisis que pone en peligro su existencia. Al parecer, la única salida posible es que se convierta en un casino, nada más alejado de los ideales y de los fines de sus fundadores en la década de 1940: un club social, deportivo y cultural. Los descendientes de estos fundadores se debatirán entre la posibilidad de salvarse a cualquier precio o de reencontrarse con aquellos sueños.

Las espaldas de Darín y Blanco vuelven a soportar el peso tragicómico de una historia generosamente sazonada de nostalgia. La opción actoral es inteligente, porque ambos son grandes profesionales. Lo que no parece tan acertado es volver a utilizar el mismo molde de personajes. Hay momentos muy brillantes -como una gran secuencia de apertura con un timing perfecto, que no se encuentra en nin­gún otro momento-, un reparto brillante y un trabajo técnico muy correcto. El gran pero está en un guión descompensado, reiterativo, me­loso y discursivo, que tiene muchos problemas para terminar. La idea original no es­tá nada mal, aunque empiece a cansar ese recurso tan argentino de trabajar en función de una localización (en este caso, el club social). Cansa también la autocomplacencia de buena parte del cine argentino, que no cesa de lamerse las heridas provocadas por la indolencia -y la corrupción en algunos casos- de unas élites que han permitido que el país se hunda.