Mud

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Una lúcida película de aventuras que saca lo mejor de un excelente grupo de actores de varias generaciones. ****

Dirección y guión Jeff Nichols Fotografía: Adam Stone Montaje: Julie Monroe Música: David Wingo Intérpretes: Mathew McConaughey, Reese Whiterspoon, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Sam Shepard, Michael Shannon Duración: 130 minutos Distribuidora: Vértigo Publico adecuado: +16 años (D)

USA, 2013.  Estreno en España: 30 de agosto de 2013

Mark Twain sobrevuela Arkansas

Ellis y Neckbone son dos adolescentes unidos por una fuer­te amistad y un entorno familiar desafortunado. Un día conocen a Mud, una especie de Robinson Crusoe que vi­ve alejado de la civilización, amenazado de muerte y con el recuerdo constante de su amada.

La crítica norteamericana ha acertado de pleno al com­parar a Mud con la literatura aventurera de Mark Twain. El protagonista de esta película tiene un halo de niño perdido de la cultura del éxito norteamericana si­milar al que tuvieron en su día personajes como Huckle­berry Finn o Tom Sawyer. El director y guionista de la película, Jeff Nichols (Arkansas, 1978), ya trató una historia con cierto paralelismo en su opera prima (Shotgun Stories, 2007). Sin embargo, la cinta con la que alcanzaría prestigio internacional fue la apo­ca­líp­ti­ca Take Shelter, Premio FI­PRES­CI en Cannes 2011. En to­das ellas retrata se­res solitarios, indefensos, salvajes e inocentes en bus­ca de un re­fugio nuclear, un amigo o al menos una mirada que les proteja.

En Mud destaca la revitalización de dos actores habitualmente dedicados a la comedia capaces de estar simplemente insoportables si no se les dirige con acierto: Ree­se Whiterspoon (En la cuerda floja, Esto es la guerra, Ojalá fuera cierto) y Mathew McConaughey (Novia por contrato, Como locos a por el oro, Amistad). Ella cons­truye el personaje con la mirada, él con la voz (una in­sustituible y demacrada voz). Juntos protagonizan una historia de amor insólita, magníficamente sugerida en el guión del propio Nichols. El resto de actores también muestran una contención y veracidad interpretati­vas muy logradas, especialmente en el caso de los dos ado­lescentes y en el de los secundarios Sam Shephard y Ray McKinnon, que aprovechan personajes escritos con una precisión milimétrica. Curiosamente el actor con un personaje menos definido es Michael Shannon, pro­tagonista de las dos películas anteriores de Nichols.

Todo está narrado con un tempo len­to, adecuado para unos personajes que no se desvelan a la primera línea de diálogo, que esconden una rica intimidad muy bien in­sertada en un entorno sel­vático en el que hay serpientes, ríos a ninguna parte, ca­misas que prote­gen de la muerte y barcos que sobreviven con remiendos de cha­tarra y motores robados. La fo­tografía de Adam Sto­ne (otro habitual en el equipo técnico de Nichols) da un tono realista a los paisajes, per­mitiendo un cierto ro­manticismo en detalles visuales de una lírica muy elocuente: los atardeceres con los ado­lescentes montando en una vieja motocicleta, la con­versación a la luz de la ho­guera con Mud, el cruce de miradas entre Reese y Ma­thew cuando empieza a ano­checer y la luna no quie­re perderse el espectáculo.

Nichols también vuelve a contar con el compositor Da­vid Wingo, que ya hizo una partitura muy sugestiva de piano en Take Shelter, y aquí adopta un estilo coun­try perfectamente adecuado a la historia. Se agradece el uso moderado de la música para mantener una coherencia con una melodía visual y na­rrativa muy su­til, pero que te deja la sensación de ha­ber visto personajes de car­ne y hueso que interesan de principio a fin.

 Claudio Sánchez