Ni uno menos

0
610

oneless2

País: China Dirección: Zhang Yimou Guión: Shi Xiangsheng Fotografía: Hou Yong: Wei Minzhi, Zhang Huike, Gao Enman

China: 1999. Estreno en España: 26 de Enero 2001.

Aunque parezca increíble, Sorgo Rojo, la primera película de Yimou (Xian, China. 1950) es de 1988. Después vinieron La linterna roja (1991), Qiu Ju, una mujer china (1992), Vivir (1994), Shangai Triad (1995) y Keep cool (1996). Por tanto, Yimou dirigió su primera película con 38 años, después de lograr con gran esfuerzo ser admitido a los 27 años (5 más del límite establecido) en la Academia de Cine de Beijing, el Pekín de toda la vida.

Ni uno menos (1998), León de Oro en Venecia, es anterior a El camino a casa, ya reseñada en FILA SIETE. La filmografía de Yimou se reduce a siete películas, maravillosas pero sólo siete, sin lugar a la mediocridad o al te ví y ya no me acuerdo. Yimou tiene un prestigio merecido que le ha hecho acreedor de grandes premios europeos (Berlín, Cannes, Venecia). Recuerden los lectores a Qiu Ju, una embarazada y sensacional Gong Li, luchando tenazmente para lograr que se reconociese oficialmente que su marido había quedado incapaz para el trabajo, a resultas de una patada en sus partes que le propinó su irascible jefe. Un drama de la vida corriente y de los problemas de la gente normal que se te colaba en el alma, fotograma a fotograma.

Dice Yimou en una entrevista sobre Ni uno menos que muchos de los parientes de su madre eran maestros rurales, y que cada vez que pasaba por delante de una escuela le entraba la tentación de pararse y otear por la ventana a los alumnos en plena clase. Ni más ni menos es lo que ha hecho Yimou en esta bellísima película, que cuenta cómo el profesor Gao, maestro rural de una escuela primaria en Shiquan, tiene que ausentarse un mes para atender a su madre enferma. El alcalde consigue una sustituta, Wei, de tan sólo 13 años. El profesor Gao, después de sondearla, la ve demasiado joven e inexperta para lidiar con los 28 alumnos, pero no tiene más remedio que aceptarla porque no hay nadie que pueda o quiera hacerse cargo de la escuela. Para motivar a la joven maestra, le dice que le pagará 10 yuan extras si logra que a su vuelta los 28 alumnos sigan asistiendo a clase.

La niña Wei, que hace de maestra, es tan real que por no cambiar no ha cambiado ni el nombre. Yimou ha trabajado con actores no profesionales, que son en la realidad lo que son en la película. Dice la niña Wei que cuando fue seleccionada para el papel, no lograba entender el chino de Yimou, un señor muy mayor que parecía gozar de muy buena salud. Cuenta Wei que Yimou, el director campesino como se le conoce en China, es muy exigente y les hacía repetir las escenas hasta quedar satisfecho y sin enfadarse nunca: “Yimou es sencillo y directo, es un gran director también, que no sólo me enseñó a actuar, sino también a ser mejor persona”.

Después de las palabras de Wei, la testaruda y entrañable maestra-niño, yo sólo me atrevo a añadir que durante 90 minutos este profesor universitario y antes de colegio estuvo pegado a la butaca, conmovido y disfrutando de un trozo de hermosura de diario arrancada con pasmosa maestría a la realidad. Yimou es un superdotado, un hombre bueno que sigue la estela de Ford, de Flaherty, de Murnau, de Rossellini. Cine grandioso, universalmente comprensible. Una película sublime, levantada con toneladas de sencillez y una mirada cinematográfica sobrecogedora.

Alberto Fijo.