Orgullo y prejuicio

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Dirección: Joe Wright Guión: Deborah Moggach, Lee Hall, sobre la novela de Jane Austen Fotografía: Roman Osin Montaje: Paul Tothill Música: Dario Marianelli Intérpretes: Keira Knightley, Matthew Macfadyen, Judi Dench, Brenda Blethyn, Rosamund Pike, Donald Sutherland, Jena Malone Distribuidora: UIP

Reino Unido, 2005. Estreno en España: 10.02.2006

Austen bien leída

El título no suena a nuevo. La obra más célebre de Jane Austen ha conocido unas cuantas versiones televisivas de calidad -la última en 1995-, ha inspirado una buena parte de las comedias románticas que abordan la, eterna y siempre rentable en taquilla, guerra de sexos, y recientemente ha sido revisada en clave de Bolly­wood por Gurinder Chadha (Bodas y prejuicios).

Sin embargo, hay que remontarse 65 años para encontrar en la gran pantalla una adaptación como la que propone Joe Wright, literal y de una fidelidad casi total tanto al texto co­mo al contexto en el que nació la novela. Apoyándose en un cuidado diseño de producción -desde el maquillaje hasta los vestuarios o los detalles de la decoración, la puesta en escena es difícilmente superable- Wright, que debuta en la dirección de largometrajes, ha conseguido recrear la campiña inglesa de finales del siglo XVIII, el marco donde la señora Bennet -una magnífica Blen­da Blethyn– sufre todo tipo de avatares para casar a sus cinco hijas frente a la aparente pasividad de su marido, la rebeldía de Lizzy y la ligereza de Lydia, la menor de la prole.

En Orgullo y prejuicio, uno de los mayores méritos del realizador británico, es quizás que ha sabido respetar el espíritu de la novela, conservando la elegancia y el sentido del humor del texto, recogiendo en unos magistrales diá­logos -muy cinematográficos a pesar de su origen- algunas de las certeras reflexiones de Jane Austen y haciendo creíble, o al menos verosímil, una problemática femenina que está a años luz de la actual. Para lograrlo, Wright ha mezclado sabiamente un montaje que juega siempre al servicio del espectador, unas veces con rotundos primeros planos que ayudan a captar detalles o a identificarse con los protagonistas, otras con sencillos planos-contraplanos que facilitan centrarse en los diálogos y, en alguna ocasión, con un montaje mucho más elaborado -como en la sensacional secuencia del final del segundo baile- que, además de situar el conflicto dramático de los personajes, aleja el tedio que puede suponer para algunos las eternas escenas de bailes de sociedad de las novelas de Austen.

En el capítulo interpretativo sobresale Keira Knightley (Piratas del Caribe) que, con tan sólo 21 años, realiza un entrañable y divertido retrato de la temperamental Lizzy. Frente a su fresca interpretación, Matthew Macfad­yen construye un señor Darcy demasiado envarado y frío que hace añorar al Colin Firth de la versión televisiva de la BBC.

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