Poveda

Pablo Moreno (Un Dios prohibido) dibuja el retrato de uno de esos españoles que hacen que nuestro país siga caracterizándose por sus extremos

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Poveda

· Hay soltura en el relato de una historia que resulta tremendamente actual.

Luces y llamas

Hace tres años, Pablo Moreno dio muestras de talento y pulso narrativo para contar en Un Dios prohibido la historia de un puñado de chicos jóvenes asesinados durante la Guerra Civil española.

Ahora afronta el retrato de uno de esos españoles que hacen que nuestro país siga caracterizándose por sus extremos. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Antes muertos que normales. El heroísmo más magnánimo junto a la ruindad más miserable.

Poveda es más película que Un dios prohibido. Está mejor escrita, mejor rodada y montada. Las localizaciones lucen y el diseño de producción tiene más empaque, dentro de las limitaciones de un presupuesto modesto. Persisten las limitaciones interpretativas de algunos integrantes del reparto, pero me ocurre lo que ya me pasó en la película anterior: las personas representadas se corresponden bien con los españoles de los convulsos años 30. De algún modo, los defectos se minimizan.

Pedro Poveda es un cura inquieto, como debe serlo cualquier buen cura, cualquier hombre o mujer cristianos que quieran serlo de verdad. Cuando se tiene un ideal, el ideal devora, quema. Y a Poveda le quema el deseo de hacer una España más justa, más culta, más solidaria. Y cree que puede ayudar a hacerlo, alentando a un grupo de mujeres, maestras y educadoras en un país con una tasa de analfabetismo brutal, desigualdades sangrantes y políticos miserables que fanatizan a un lado y a otro con discursos incendiarios.

Hay soltura en el relato de una historia que resulta tremendamente actual. Basta pensar un poco, para darse cuenta de la justeza de un refrán, que antes aborrecía por cínico, y ahora comprendo por sensato: la gente mejora, pero no cambia.

En otro lugar lo he escrito a propósito de esta película que, como tantas cosas verdaderas ficcionadas, es ingenua y en ocasiones pedestre: el defecto nacional es la envidia, esa bastarda fruto del arrejunte de orgullo con la soberbia. Virtudes crecen muchas en esta tierra nuestra, capaz de parir soñadores, exploradores, aventureros, reformadores, santos irrepetibles. Como es tradicional, el deporte nacional es ponerlos a parir convenientemente, a conciencia, también desde los entornos más cercanos, porque… ¿es que somos unos ingenuos o qué?

Moreno prefiere “ir de ingenuo” y contar con estrategias narrativas distintas a las de Joffé en Encontrarás dragones (prefiere el biopic y le sale bien, con parecidos con la emocionante Cristiada) la vida y la obra de Pedro Poveda, por cierto muy buen amigo como Josefa Segovia de Josemaría Escrivá.

Diez días después del comienzo de la Guerra Incivil, el fuego de los fusiles se llevaba junta a la tapia un cementerio la vida de un iluminador. Afortunadamente, no su luz.