Profesor Lazhar

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Candidata al Oscar a la película en lengua no inglesa, ganadora del premio al guión en Valladolid, mejor película canadiense en Toronto. Una maravilla. *****

Monsieur Lazhar, 2011 País: Canadá Dirección y Guión: Philippe Falardeau Fotografía: Ronald Plante Montaje: Stéphane Lafleur Música: Martin Léon Intérpretes: Mohamed Fellag, Sophie Nélisse, Émilien Néron, Danielle Proulx, Brigitte Poupart 94 m. +16 años Distribuidora: A Contracorriente Estreno: 18.5.2012

12 años

Soberbia película canadiense ambientada en una escuela de enseñanza secundaria de Mon­treal. Un trágico suceso conmociona a alum­nos y profesores. Y Bashir Lazhar, un pro­fesor argelino de 55 años que vive en Ca­nadá por motivos que desconocemos, se ofre­ce a cubrir la baja de la profesora falleci­da. La directora del centro no está muy con­vencida, pero acepta a Lazhar, que encuen­tra a los niños en situación de absoluto desconcierto, unos pequeños que reaccio­nan de muy diversa manera ante la trage­dia y afrontan el día a día como buenamen­te pueden.

Profesor Lazhar es una de esas películas enor­mes que apasiona sin necesidad de piro­tecnia. Los niños están geniales, los acto­res adultos son tremendamente eficaces y es­tán muy bien dirigidos por Falardeau, que ha hecho una adaptación muy inteligen­te -verdaderamente magistral- de la obra teatral de la quebequense de 37 años Eve­lyne de la Chenelière, estrenada en 2002. La foto, la música, el montaje se ponen al servicio de la historia y cumplen per­fectamente su misión.

La serenidad, el pulso de la historia sabia­mente gobernada por la mano de Fa­lar­deau, la interpretación excelente de Mo­ha­med Fellag te permiten ir asumiendo to­do, con una emoción contenida gracias a un rea­lismo encantador, sin trampas, sin sen­sible­ría, con un tono casi documental que recuer­da a las francesas La clase y Ser y tener y aquella otra notable película cana­diense, Mamá está en la peluquería.

Con la milagrosa Kiseki, Monsieur Lazhar es­tará entre las mejores películas del año y en­tre los acercamientos más delicados del ci­ne de ficción a la infancia y su relación con el dolor y la sanación de las heridas que deja la vida: nada tan frágil como un ni­ño, nada tan fuerte como un niño. Su fac­tura sencilla la hace aún más atractiva y de­licada. La pelí­cula de Falardeau -un docu­mentalista que se inició en el largo de ficción en 2000 y que lle­gó al cine después de estudiar Políticas y Re­laciones Interna­cio­nales- supone un verda­dero atracón de hu­manidad, de amor, de es­peranza, de belle­za.
Una de esas películas gasolina que te llenan el depósito hasta arriba, como Ni uno me­nos, de Yimou.

Aunque suene tópico, es un cine que te ayuda a seguir creyendo, a se­guir esperando, a reafirmarte en la verdad que esconden esos dos jirones de pensa­miento respaldado por la vida de aquel ti­po apasionado, bajito pero enorme, llamado Agus­tín, que no todos han logrado entender: “In necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas. Ama et quod vis fac”.

Alberto Fijo

 

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