Scoop

0
10

EL septuagenario Woody Allen hace una película al año. Con ese ritmo no es sorprendente que se dedique a darle a manivela y rebuscar en su baúl de chistes y sketches, porque no hay que olvidar que así empezó su carrera el director neoyorquino (es muy reveladora la secuencia que presenta al propio Allen encarnando a un mago que actúa en un teatro).

Scoop es una comedia que mezcla elementos de Misterioso asesinato en Man­hattan y La maldición del escorpión de Jade. Una estudiante de periodismo norteamericana que vive en Londres se encuentra casualmente con un scoop, una primicia que le puede ayudar a entrar por la puerta grande en el apasionante mundo del periodismo de investigación, desvelando el culpable de unos crímenes que tienen atemorizada a la capital inglesa.

Hay muchas situaciones divertidas (lo de la parca es muy bueno), y también una historia bastante descuidada. En este último sentido, hay bastantes elementos de la trama que podrían haberse trabajado para dar a la película el empaque necesario para que la cinta pudiera ser tratada como una gran comedia de enredo.

Como suele ser habitual en el cine de Allen, hay buenas interpretaciones y una puesta en escena muy sólida, con buena fotografía (Allen vuelve a contar con Re­mi Ade­farasin, un experto en cine elegante con una trayectoria muy interesante) y un montaje demasiado serio de Lepselter, que suma ya ocho películas consecutivas con Allen.

Scarlett Johansson se desenvuelve muy bien en un papel que exige diálogos pisados, pero aún le queda mucho para acercarse a Helen Hunt, una de las mejores pa­rejas que Allen ha tenido como actor. La Johansson tiene que ganar en sutileza pa­ra administrar su físico rotundo y saber componer personajes con varias caras. Hugh Jackman se mueve con la elegancia que requiere su personaje y habla un in­glés de clase alta que suena muy natural y es, sin embargo, francamente divertido. No hay la más mínima novedad en la interpretación de Allen, pero el mutis de su personaje es de los más ingeniosos de su carrera.

Los chistes de Scoop son los de siempre, pero hay que reconocer que muchos tienen bastante gracia, especialmente los que ponen el acento en el choque entre los estereotipos del norteamericano campechanote y el british que le mira con la nariz levantada. Es el Allen festivo y travieso, menos ácido y cínico que en otras ocasiones. Scoop se ve muy bien, tan bien que puede parecer mejor de lo que es. Especialmente si se la compara con un engendro tedioso como Anything el­se y un pastiche anodino como Melinda y Melin­da.

No hay comentarios