Sherlock Holmes: Juego de sombras

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Guy Ritchie hace correr por Europa a un par de aventureros que llevan los nombres de Sherlock Holmes y John Watson, pero no son Holmes y Watson. **

Sherlock Holmes. A game of shadows, 2011 País: EE.UU. Dirección: Guy Ritchie Guión: Kieran y Michele Mulroney Fotografía: Philippe Rousselot Montaje: James Herbert Música: Hans Zimmer Intérpretes: Robert Downey Jr., Jude Law, Rachel McAdams, Noomi Rapace, Stephen Fry, Jared Harris, Kelly Reilly 120 m. +12 años Distribuidora: Warner Estreno: 5.1.2012 

Una muy esperada y decepcionante secuela

Como todo el mundo sabe Sherlock Hol­mes tiene un archienemigo, una mente tan pro­digiosa como la suya, dedicada exclusiva­mente a lograr el imperio del mal. El profe­sor Moriarty, Napoleón del crimen, está de­trás de cualquier suceso delictivo que se co­mete en Inglaterra y en casi toda Europa. En su lucha contra este monstruo, Holmes y Wat­son recorrerán el continente desde In­gla­terra hasta Francia, Alemania y Suiza.

Prometedor, ¿verdad? Y sin embargo, el proyecto Sherlock Holmes 2 no funciona. La his­toria está mal contada, suceden cosas a to­da velocidad, sin que se sepa qué está pasan­do ni por qué.
La primera entrega de las aventuras de Sher­lock Holmes realizada por Guy Ritchie fue esperada con curiosidad e interés. ¿Qué po­día aportar este director a un personaje que lleva cientos de películas desde que exis­te el cine? La apuesta era arriesgada, el éxi­to fenomenal, y la secuela se esperaba con ilusión.

En Juego de sombras se ha producido el efec­to contrario. Tal vez Ritchie creyó que la partida estaba ganada desde el principio, tal vez el nuevo equipo de guionistas ha tomado un camino equivocado, tal vez las con­diciones del rodaje -se han dicho cosas ho­rrorosas- o de montaje -se han dicho co­sas peores-… Entre todos la mataron y ella sola se murió.

La buena predisposición del espectador an­te la secuela desaparece nada más empezar: la presentación de los personajes es po­bre -paupérrima- aunque se trate de una se­cuela, y la acción avanza a toda velocidad y dando unos saltos tremendos, siempre fal­tos de información. Juraría que en el mon­taje han desaparecido bastantes minutos del comienzo en el que podríamos saber qué hace Sherlock Holmes y qué prepara Mo­riar­ty. En la versión presente nunca sabes qué está pasando ni por qué.

Cuando el espectador ha entendido lo que está ocurriendo -en el fondo sabemos que hay un malvado y que los héroes van a por él-, se puede disfrutar (aunque tampoco demasiado) de una historia entretenida con una acción trepidante, pero igualmente caótica. Hay pocas explicaciones, los deco­rados siguen cambiando, Holmes y Wat­son se esfuerzan en despertar las simpatías del público a pesar de todo.

Hay secuencias que podrían haber sido an­tológicas y resultan anodinas: la ópera de París, el congreso internacional de paz en Suiza, la persecución en medio de los bos­ques… muchas de las imágenes que apare­cen en el vistoso tráiler de lanzamiento se frustran.

Dicho esto, hay que decir que los actores, sal­vo un ridículo Stephen Fry, cumplen. Si se arrojan lejos las expectativas queda una ma­la película con alguna secuencia especta­cular.

Fernando Gil-Delgado


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Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.

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