Sábado, Agosto 19, 2017
El truco final (El prestigio)

El truco final (El prestigio)

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(L-R) Hugh Jackman, Scarlett Johansson

Crítica de El truco final (El prestigio), de Christopher Nolan.

Desde que Chris Nolan dirigiera su pri­­mer largometraje, Memento, un thri­ller psicológico contado de manera muy original, una corte de fans esperan cada uno de sus nuevos trabajos. Y aunque No­lan no ha vuelto a sorprender tanto al público, tampoco se puede decir que haya defraudado. Insomnio era otro sólido thriller con una estructura más convencional, pero tam­­bién con un planteamiento más profundo; como más profundo fue su diseño del archiadaptado superhéroe del cómic en Batman begins. En todos estos títulos Nolan ha demostrado una buena escritura -suyos eran los guio­nes de Memento y Batman-, capacidad para rodearse de solventes repartos y un inteligente dominio del montaje.

Todas estas características vuelve a demostrarlas en El truco final, una película que, sin embargo, no acaba de salirle. El film cuenta la rivalidad entre dos prestigiosos magos en el Londres de finales del XIX, la edad dorada de la magia. La ambientación de la ciudad vic­­toriana es soberbia y el reparto, encabezado por Cristian Bale, funciona a las mil maravillas (entre otras cosas porque el único per­so­naje que chirría es el que interpreta Scar­­lett Johansson, que parece decidida a sepultar su en otro tiempo prometedora carrera con papeles de mujer florero que suelen chirriar don­de se les ponga). También fun­­­ciona el mon­taje: muy presente -lógico en una cinta so­bre trucos-, pero también muy efi­­­­caz.

Donde no hace diana esta vez el realizador in­­glés es en un guión que, aunque correcto, no acaba de encontrar el tono de la historia. Nolan señala que quería reflejar el oscuro mun­do de los magos en el siglo XIX, sin hacer una película de época ni un film de buenos y malos.
En definitiva, lo que quería Nolan era cons­truir una complicada película de tesis a par­tir de un sencillo truco, dirigida además a un espectador al que, acostumbrado a las argucias del Photoshop, la figura de un mago dis­puesto a arriesgar su vida -o la de su acom­pañante- por un truco le resulta casi inverosímil.

Esto es lo que quería Nolan, lo que ha salido es una película demasiado oscura para ser un divertimento y demasiado simple para ser ninguna otra cosa.

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