Una película hablada

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Dirección y Guión: Manoel de Oliveira Fotografía:Emmanuel Machuel Montaje:Valérie Loiseleux Música:Philippe Morel Intérpretes:Leonor Silveira, John Malkovich, Irène Papas, Stefania Sandrelli, Catherine Deneuve, Luis Miguel Cintra Distribuidora:Nirvana

Portugal, 2003. Estreno en España: 28.05.2004

La más poderosa palabra

Hace más de setenta años que Ma­noel de Oliveira (Oporto, 1908) realiza películas. Ésta es de 2003; y está ahora en 2004 haciendo otra… Un ejemplo modelo de verdadero trabajador. Oliveira es -y en lo que a él respecta puede decirse sin exageración ninguna- viva historia del cine.

Como es sabido, en el cine de Oliveira tiene la palabra hablada un papel preponderante. Ciertamente la imagen no deja de estar ahí al mismo tiempo y todo el tiempo, con lo que tal vez no sea demasiado exacto calificar la palabra en Oliveira como preponderante. Sólo es que, las más de las veces, su imagen “habla” en un tono estático, con una quietud que no interrumpe las palabras oídas. Quizá la imagen es una voz sola en sostenido menor, que no estorba la comprensión de las mu­chas palabras que se oyen.

Esta es mi impresión de todas sus películas que he visto, tomadas en general y en bloque. De manera que Um film falado no escapa, a mi modo de ver, a esta calificación general. Se trata de un crucero por el Medite­rráneo; atracamos en grandes puertos de hermosas ciudades, todas cargadas de historia. La gran civilización y cultura griegas están en todas ellas: monumentos, estatuas, paisajes en los que tuvieron lugar acciones decisivas para el discurrir del mundo.

Una madre joven, profesora de Historia, viaja con su hija de casi ocho años para ver, ¡ver!, lo que cada día expone en sus clases y no había visto. Así que es una película muy visual, y de muy variadas y bellas vistas. Pe­ro al mismo tiempo es um film falado, porque asistimos gracias a la profesora, y a alumnos como su pequeña hija, a una amena y continuada clase sobre la cultura humana, y la presencia perpetua del cristianismo en ella. Pero junto al lado luminoso, las guerras, las constantes guerras.

En la que podríamos llamar segunda parte nos detenemos en el comedor del trasatlántico Sofía. Y hablan de las dos sofías: la sabiduría divina y la sabiduría humana; lo hacen en torno a la mesa -en dos cenas consecutivas- John Malkovich, anfitrión, y las invitadas, Irène Papas, Stefania Sandrelli, Ca­the­rine Deneuve; luego se unirán la profesora de Historia (Leonor Silveira) y su hija. Es una hermosísima conversación en francés, griego, inglés y portugués (de nuevo, um film falado), conversación elegante en la que uno no sabe qué admirar más, si el inteligente tema desarrollado, lleno de agudezas y visiones profundas, o la maestría de las actrices, o en fin, la invisible y mágica presencia de Oli­veira…

Todo un mundo de bellezas ha pasado ante nuestros ojos del cuerpo, primero, y luego un piélago de ideas y un abismo de fe para los ojos del alma. Parece como si estuviéramos en una Babel distinta, ellos mismos lo dicen: en una Babel de la armonía. (Como invitado “de piedra” a esa cena diría: Demasiado galante para ser auténticamente sabia, demasiado erudita para ser en verdad culta; el suyo es más un amor cortés y menos un amor cristiano).

Pero aquella cena idílica no es todo el mundo, fuera del comedor del barco hay violencia y odio que todo lo trunca, todo confunde y desordena. E invade, y destruye.

¿Qué concluiría? Pues que ha hablado un anciano sabio. De una manera amable, sin estridencias. Con esa maestría que no apabulla, con sencillez, como a media voz. Ha da­do su lección en lo que ha dicho y ha dado su lección en cómo lo ha dicho.

Es mucho hoy. Hoy es mucho. Aunque, desgraciadamente para pocos, para muy pocos. Ojalá me equivocara