"Breaking Bad", de Vince Gilligan

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La última temporada de la serie de AMC ha triunfado en los Emmy 2014.

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Emisión en España: Paramount Comedy (5ª temporada)

Emisión en EE.UU.: AMC (20.1.2008 – 2013)

Calificación: +18 años (V+XD)

País: EE.UU.  Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, RJ Mitte, Giancarlo Esposito  Duración: 5 temporadas (54 episodios de 45 minutos)  Producción: Sony Pictures Televisión

La química del mal

Hay series que tardan un tiempo en conectar con el es­pectador. Muchos piensan que las claves tienen que es­tar en el episodio piloto, pero van pasando los años y muchas de las mejores series se caracterizan por no apa­bullar en el primer capítulo.

The wire, El ala oeste de la Casa Blanca, Mad Men, The Walking Dead o Breaking Bad son series que van de­finiendo lentamente a cada uno de los personajes y los conflictos. Si se tiene algo de paciencia dan mucho de sí, demostrando que la ficción televisiva está a la al­tura del mejor cine actual.

Breaking Bad ha sido galardonada con 6 Emmys (op­tó a 16) y 2 Globos de Oro, repartidos fundamentalmente entre los actores Bryan Cranston y Aaron Paul, y el creador de Vince Gilligan. La se­rie finalizará con esta 5ª temporada que se divide en dos partes de 8 capítulos que concluirán en septiembre de 2013. No de­ja de ser curioso que, en España, la cadena que trans­mite la serie sea Paramount Comedy (un canal evi­dentemente dedicado a la comedia). Es verdad que Brea­king Bad tiene algunos momentos de humor al estilo de los hermanos Coen, pero no se caracteriza por ser precisamente divertida.

Walter White o la supervivencia autodestructiva

Hace unas semanas aparecía una noticia curiosa en el periódico. El fugitivo más buscado del condado de Tus­caloosa (Alabama, EE.UU.) se llamaba igual que el pro­tagonista de Breaking Bad: Walter White (interpretado por el también productor de la serie Bryan Crans­ton). Y por supuesto estaba acusado de fabricar me­tanfetamina. Lo que no sabemos es si se trata de un profesor de Química, enfermo de cáncer de pulmón, que se dedica a este negocio ilegal para dejar la vida re­suelta económicamente a su familia: una mujer embarazada de semanas y un hijo discapacitado.

Ésta es la premisa argumental de la serie. Un hombre honesto que va perdiéndose poco a poco con la ayuda de un antiguo alumno: el drogadicto Jesse Pinkman (Aaron Paul). Esta degeneración va mostrando el poder de la codicia que va relativizando todos los pi­lares morales de un padre de familia corriente. No es una temática muy novedosa, pero el estilo de la se­rie es lo que hace que sea verdaderamente grande. Con de­talles visuales mínimos, diálogos secos y sugerentes y miradas que reflejan infiernos personales, Breaking Bad no deja de sorprender en cada una de las tempora­das. Es verdad que hay partes que pueden resultar más ar­duas ya que no hay concesiones fáciles: persecuciones, giros eficaces pero inverosímiles, etc. Lo que hay es un guión muy inteligentemente medido con explosiones controladas de dramatismo tumbativo.

Las flores del mal crecen lentamente

La deconstrucción del mal que propone Vince Gilli­gan (Expediente X, Hancock) destaca por la creatividad vi­sual y narrativa con la que está contada. Hay comienzos de algunos capítulos muy desconcertantes pe­ro que acaban teniendo un valor simbólico muy en­riquecedor. El peluche tuerto de color rosa que flota en la piscina, los mejicanos arrastrándose en medio de un desierto solitario, el salto en el tiempo en el que se recuerda cómo Walter White y su mujer compraron su primera casa con las ilusión de un matrimonio feliz y estable…

Todos estos detalles construyen un paisaje en el que el mal no está reflejado con cinismo y superficialidad, si­no con una veracidad muy matizada. En ningún momento dejamos de ver el instinto de supervivencia de la felicidad de seres humanos que toman malas decisio­nes para huir de la jungla. Esto hace que la serie nun­ca deje de conectar con el espectador, ya que en me­dio de la barbarie no deja de mostrar destellos de ternura, pre­guntas y respuestas que hacen tambalear­se a los per­sonajes sobre su perversa conducta. Pocas se­ries mues­tran tanto las consecuencias de cada una de las de­cisiones en la vida de los demás. Detrás de ca­da deli­to, de cada asesinato, no hay una recompen­sa, sino un nue­vo túnel, cada vez más oscuro y profundo.

Contando una historia tan tremenda, la serie no se ex­cede en mostrar escenas morbosas. La historia es du­rísima pero no innecesariamente detallista en la recreación de la violencia. Es verdad que hay escenas de­sagradables (especialmente en los inicios de la primera temporada), pero no son el motor de la serie. Sir­ve como ejemplo la definición de uno de los personajes prin­cipales: el narcotraficante Gustav Fring (Giancarlo Es­posito). Su perversidad se muestra poco a poco, con lar­gas miradas silenciosas y frases cortas definitivas. “Walter es simplemente un hombre que provee a su familia”, dice sobre su mejor colaborador.

La música de Dave Porter aparece de manera esporádica pero contribuye a dar un toque de western crepuscular a la serie. Breaking Bad también bebe del cine ne­gro y de directores como los hermanos Coen o Tarantino. Pero puede presumir de tener voz propia, unos cuantos grados de profundidad y constantes mues­tras de ingenio. No será fácil acabar la serie como me­rece. El final de la cuarta temporada dejó el nivel muy alto. Pero hasta ahora no ha defraudado las expectativas cada vez más altas de los espectadores.

Claudio Sánchez

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