· Viola Da­vis interpreta a una abogada y profesora de universidad que recluta a alumnos brillantes de criminología para convertirlos en detectives sin escrúpulos.

  • Creador: Peter Nowalk
  • País: Gran Bretaña
  • Intérpretes: Viola Davis, Billy Brown, Alfred Enoch, Jack Falahee
  • Producción: ABC
  • Duración: 1 temporadas de 15 capítulos de 45 minutos
  • Emisión en España: AXN
  • Público adecuado: +18 años (XD)

La ley de Shonda

Es una de las productoras y guionistas más importantes de la televisión norteamericana. Los trabajos de Shonda Rhimes no se caracterizan por la calidad si­no por su capacidad de sorprender al espectador cues­te lo que cueste.

Con Anatomía de Grey y Scandal logró llegar a un pú­blico que, desde entonces, sigue su rastro de manera adic­tiva. El esquema de estas series era más cercano al culebrón que a las ficciones de médicos y detectives. Lo curioso es que hasta sus más firmes defensores reconocen que son series tramposas e inverosímiles, pe­ro muy útiles para desconectar neuronas a última hora del día.

La ventaja de Cómo defender a un asesino es que, sien­do un producto de la misma “marca” (esta vez Rhi­mes es solo productora pero su sello es inconfundible), la protagonista es una actriz enorme. Viola Da­vis (La desaparición de Eleanor Rigby, Criadas y se­ñoras, La sombra del poder, Noche y día) interpreta a una abogada y profesora de universidad que recluta a alumnos brillantes de criminología para convertirlos en detectives sin escrúpulos, capaces de defender a la mis­mísima Cruela de Vil. Para ellos les explicará cómo uti­lizar todo tipo de métodos, la mayoría ilegales, para lo­grar todo tipo de pruebas que eviten la condena de un acusado.

Con este argumento es fácil imaginar el tono tru­culen­to y enfermizo de la serie. Desde el primer capítulo se ve claramente que todos los personajes, de­tectives y asesinos, actúan impulsivamente, sin ningún tipo de ma­tiz o contraste que sirva para humanizar sus perfiles.

Hay que reconocer que la premisa es ingeniosa y es­tá hábilmente tratada para que sea, más que ágil, trepidante. No hay que dejar al espectador el tiempo mí­nimo de reflexión porque en esta serie el que piensa pier­de. Al final todo suena efímero, hueco y postizo. El montaje videoclipero, la música constante y las frases antológicas no disfrazan a una jungla de abogados avis­pados que carecen de la mínima cordura y honradez profesional. Además, en este caso la zafiedad es cons­tante y está muy presente desde el primer momento, algo que no sucedía en las anteriores series de esta productora.

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