"Sherlock", de Steven Moffat, Mark Gatiss

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Moderna y clasica, la serie es inteligente, divertida e ingeniosa, mucho más que las películas de Guy Ritchie.

  • Emisión en España: TNT (desde el 21.11.2010)
  • Emisión en Reino Unido: BBC (desde el 25.7.2010)
  • Calificación: Mayores de 16 años
  • País: Reino Unido 
  • Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Martin Freeman, Rupert Graves, Una Tubbs 
  • Duración: 3 temporadas de 3 capítulos cada una. 90 minutos.
  • Producción: BBC

Holmes en la era Facebook

El camino que Guy Ritchie inició moderni­zando al detective creado por Conan Doy­le, en su película Sherlock Holmes estre­na­da en Estados Unidos el 25 de diciembre de 2009, llega a su fin con esta nueva se­rie de la BBC que ha conseguido unos resul­tados de audiencia espectaculares.





Estamos en el siglo XXI y Holmes utiliza con soltura las nuevas tecnologías mientras Watson intenta borrar sus recuerdos de la gue­rra de Afganistán. Entre medias está el post 11-S, los servicios de espionaje, el tráfi­co insufrible de Londres… Pero todo ello sal­vando la esencia del mito: un fino sentido del humor, el ingenio deductivo y sus in­tachables discusiones.

Steven Moffat (uno de los guionistas de Tin­tín, la carísima aventura de Peter Jack­son y Steven Spielberg) repite la fórmula de su anterior serie, Jekyll, que trasladaba al esquizofrénico personaje de Stevenson a la actualidad.

Esta vez la fórmula es distinta ya que la pri­mera temporada se presenta como una mi­niserie de tres capítulos de 90 minutos ca­da uno, concebidos para ser vistos aislada­mente sin especiales dificultades. Aun­que hay tramas que se dejan abiertas y evo­lucionan capítulo a capítulo.

Moffat y Gattis son listos y respetan la cla­ve del relato holmesiano: el caso que hay que resolver, a contrarreloj, porque va murien­do gente… En este sentido, el primer epi­sodio, Study in pink, es un alarde de inge­nio y chispa, que captura las esencias de la narrativa de Conan Doyle. Evi­den­te­men­te en la versión original el modo de hablar en inglés de los diferentes personajes es muy importante y genera situaciones muy di­vertidas.

La personalidad de la serie debe mucho al acierto milimétrico del guión, que sabe equi­librar acción y deducción a partes igua­les. Por otro lado es fundamental la genui­na interpretación de Benedict Cumber­batch (Amazing grace, Expiación) y la répli­ca de Martin Freeman (Arma fatal, La ronda de noche, El hobbit). Ninguno de los dos procuran imitar los modos de Robert Dow­ney Jr. y Jude Law en la película de Rit­chie, sino que optan por recuperar el to­que más inglés de sus personajes: menos ges­tual y más inteligente, pero obviando el hie­ratismo gélido de las interpretaciones de Ba­sil Rathbone y Nigel Bruce en las pelícu­las de los años 30 y 40.

Resulta muy atractivo el diseño visual de la serie que utiliza con frecuencia los sobre­impresionados de manera creativa y pinta un Londres moderno pero sin perder su de­cimonónica elegancia (muy presente en la música y el vestuario).

En este sentido, la fotografía, el montaje y la posproducción son muy inteligentes. El casting se ha hecho a conciencia y los secundarios encajan a la perfección: es difícil lograr un Moriarty (la secuencia de la piscina es una maravilla en el capítulo 3) o un Lestrade (la secuencia de la rueda de prensa en el capítulo 1) me­jores.

Ciertamente el primer capítulo de la primera temporada es superior a los otros dos (el segundo, The blind ban­ker, cae; pero el tercero, The great ga­me, recupera y termina de manera gloriosa) en cuanto al desarrollo de las personalidades de Holmes y Watson y sus constantes en­frentamientos dialécticos.

La trama acaba por difuminar un tanto a los personajes en los capítulos dos y tres, aun­que ésta es una dificultad lógica que ten­drán que resolver en la esperada segunda temporada, que precederá al estreno de la segunda película de Ritchie, previsto pa­ra el 16 de diciembre.

Sherlock, más allá de su intrínseca calidad, demuestra olfato: el largometraje de Rit­chie hizo 525 millones de dólares en taqui­lla y la segunda parte, ya en posproducción, ha levantado mucha expectación.

Claudio Sánchez




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