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"Smash", de Theresa Rebeck

El Rey Midas de Hollywood sigue empeñado en de­jar su huella también en televisión.

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Emisión en EE.UU.: NBC (6.02.2012-14.05.2012)
Emisión en España: AXN White
Calificación: Mayores de 16 años (sexo incidental)

País: EE.UU. Intérpretes: Debra Messing, Jack Davenport, Katherine McPhee, Christian Borle, Megan Hilty, Anjelica Houston, Bernadette Peters Duración: Primera temporada (15 capítulos de 45 minutos) Producción: Madwoman in the Attic, Dreamworks Television, Universal Television

En busca de la gloria perdida

El Rey Midas de Hollywood sigue empeñado en de­jar su huella también en televisión. Después de va­rias series irregulares (Falling skies, The river) y­ otras claramente fallidas (Terra Nova, The Pacific), Spielberg intenta recuperar el tono clásico de su gran acierto televisivo (Hermanos de sangre). Esta vez no hay campo de batalla sino ensayos, números musicales y la ciudad de Nueva York co­mo escenario central.

Smash cuenta todo lo que rodea la preparación de un gran musical sobre Marilyn Monroe en el Broad­way actual. El conflicto central es la competición de dos actrices desconocidas por llevarse el pa­pel protagonista. Pero no es el único problema: los productores se ponen nerviosos porque los ensayos se eternizan, los guionistas dudan y en ese am­biente, lógicamente, habrá cruces de sentimientos que hacen que todo sea muy complicado.

Hay que reconocerle a Theresa Rebeck (Ley y orden, Canterbury’s law), creadora de la serie, que sa­be imprimir a la producción un sello clásico muy mar­cado y atractivo. Desde la difuminada y luminosa fotografía de M. David Mullen, a la banda so­nora de Marc Shaiman (Sister Act, Hairspray), Scott Wittman y Chris Bacon, todo recuerda a los gran­des musicales de los años 50 y 60. El persona­je central de Marilyn no hace sino reforzar ese estilo. De esta manera, la serie se parece muy poco a­ otras musicales actuales como Glee o Rockefeller Pla­za.

Por otra parte, se nota un gran esfuerzo de los guio­nistas en que la serie no sea simplemente una su­cesión de coreografías. Smash es una historia con mas drama que números musicales. La mayoría de ellos son algo forzados y acelerados, un error tí­pico de las teleseries. Aunque hay algunos conflictos bien escritos y desarrollados como el del ma­trimonio de Jack y Frank, que dan peso a la historia. Mucho más tópico y maniqueo es el persona­je gay Pepito Grillo (Christian Borle), un cliché de­masiado utilizado en las series norteamericanas.

Demasiados capítulos

La primera temporada se hace larga (15 capítulos), ya que la serie no acaba de despegar y hay de­­masiadas tramas que interesan muy poco. Es una pena que no estén más matizados y desarrollados los personajes de Megan Hilty (la rubia ul­tra­­competitiva que no deja de ser una versión des­­natada de Marilyn trasladada al siglo XXI), y el de Anjelica Houston (que no tiene unos diálogos a la altura de su demostrado talento).

Quizá por estos motivos la serie ha tenido problemas de audiencia que han intentado solucionar a mitad de temporada con bastantes sorpresas. Se agra­dece la oportuna aparición de los personajes in­terpretados por Bernadette Peters (la novia de Ga­llito en la versión de Annie de John Houston, que aquí está soberbia interpretando a la madre de una de las protagonistas), y Uma Thurman (que cumple con un papel de lo más desagradeci­do: la estrella con nombre pero sin talento). También rompen con la rutina de la serie algunos nú­meros musicales diferentes (un divertido homenaje a Bollywood o el espontáneo dueto en plena ca­lle de Broadway de las dos protagonistas) y canciones originales de corte muy actual como Run o Touch, interpretadas por Katherine McPhee, una de esas cantantes descubiertas en el mítico programa de televisión American Idol.

La serie no llega a ser redonda pero tiene grandes­ momentos que han permitido la renovación de una nueva temporada en la que aparecerán nuevas ca­ras como la de Jennifer Hudson (ganadora de un Oscar por Dreamgirls).

Claudio Sánchez